Del oficio a la negociación: cuando el periodismo vende su alma
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RESUMEN
POR FREDDY NÚÑEZ JORGE
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SANTO DOMINGO, RD.- Recientemente escribimos un artículo en el que cuestionamos a algunos directores de medios impresos y ciertos programas de televisión, titulado “Del oficio a la negociación: el lado oscuro del periodismo actual”. En aquella ocasión advertimos sobre una realidad que muchos conocen, pero pocos se atreven a señalar públicamente: la degradación ética de una parte del ejercicio periodístico en la República Dominicana.
Hubo un tiempo en que el periodismo era sinónimo de vigilancia, valentía y compromiso con la verdad. Era un oficio ejercido para denunciar abusos, cuestionar al poder y servir de voz a los que no la tenían. Hoy, lamentablemente, una parte de ese legado parece haber sido sustituida por una lógica más rentable, la conveniencia y la negociación.
En la República Dominicana, para nadie es un secreto que ciertos directores de medios, editores y comunicadores dejaron atrás la misión de informar para convertirse en operadores de intereses. Donde antes se investigaba, ahora se factura. Donde antes se cuestionaba, ahora se negocia. Y donde antes se defendía la verdad, hoy se subasta la línea editorial al mejor postor.
No deja de llamar la atención que figuras vinculadas a medios con nóminas modestas exhiban estilos de vida difíciles de explicar: vehículos de lujo, propiedades costosas y residencias en zonas exclusivas. Todo ello en un sector donde, con honrosas excepciones, los salarios distan mucho de justificar semejante prosperidad.
La respuesta, según se comenta con demasiada frecuencia en los propios pasillos mediáticos, incluye prácticas vergonzosas: chantajes a empresarios y funcionarios, inclusión en nóminas ocultas, contratos publicitarios sobredimensionados, campañas pagadas disfrazadas de contenido periodístico y coberturas editoriales sujetas al cheque del anunciante.
Existen programas sin audiencia real, espacios sin incidencia comprobable, proyectos mediáticos que sobreviven no por credibilidad, sino por presión, favores o complicidades. A cambio, algunos anunciantes reciben lo que el dinero compra cuando la ética desaparece: portadas complacientes, entrevistas a la medida, silencios estratégicos y ataques selectivos.
Eso no es periodismo.
Es mercenarismo informativo.
Eso no es libertad de expresión.
Es manipulación con micrófono.
Eso no es influencia legítima.
Es tráfico de poder desde una cabina o una redacción.
Mientras tanto, cientos de periodistas serios, preparados y honestos trabajan por salarios precarios, sosteniendo con dignidad una profesión manchada por quienes la usan como escalera económica.
Urge una reflexión nacional sobre el rol de los medios, la transparencia publicitaria, los conflictos de interés y la responsabilidad ética de quienes comunican. No basta con denunciar la corrupción política si se guarda silencio ante la corrupción mediática.
Gracias a Dios, hoy también existen periódicos digitales y plataformas independientes que mantienen al pueblo debidamente informado, rompiendo el cerco de quienes durante años pretendieron monopolizar la verdad. Son espacios donde todavía se ejerce el periodismo con responsabilidad, valentía y compromiso ciudadano.
En esos medios modernos y abiertos, los perversos fabricantes de expedientes, expertos en difamar y desacreditar a personas honestas, no han podido penetrar ni imponer sus viejas prácticas de manipulación. Allí la verdad encuentra camino, y la ciudadanía una alternativa frente a la corrupción informativa de ciertos sectores tradicionales.






