“Del oficio a la negociación: el lado oscuro del periodismo actual”
Algunos directores y editores abandonan la búsqueda de la verdad mientras crece un sistema donde la información se compra y se vende.

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RESUMEN
POR FREDDY NÚÑEZ JORGE
Es posible que los enemigos gratuitos que todos los que escribimos tenemos me tilden de loco al redactar un trabajo como este. Pero más que locura, lo que siento es vergüenza ajena. Dio pena ver a muchos hipócritas el pasado 5 de abril, Día del Periodista en la República Dominicana, hablar de ética y del papel de los periodistas en los medios de comunicación.
Hubo un tiempo —no tan lejano— en que el periodismo en la República Dominicana se construía con esfuerzo, disciplina y respeto por la verdad. A inicios de los años 90, abrirse paso en un medio no dependía de a quién conocías ni de cuánto podías pagar, sino de lo que eras capaz de escribir.
Mis primeros pasos en los periódicos nacionales lo confirman. Desde El Sol, donde Gustavo Rodríguez me dio la oportunidad de publicar la columna Cuerda de Boxeo una vez a la semana, pasando por El Nuevo Diario y luego el vespertino La Noticia, bajo la dirección de su director Félix Reyna y con Carlos Nina Gómez como jefe de la sección de Deportes, hasta que llegué a ocupar la posición de editor deportivo. Más tarde, en Listín Diario, durante nueve años, el ejercicio periodístico todavía conservaba —aunque ya debilitado— cierto compromiso con la verdad.
Ese periodismo hoy no existe.
Lo que predomina actualmente es una caricatura del oficio. Algunos directores, editores y jefes de redacción han dejado de ser periodistas para convertirse en operadores de intereses. Ya no informan: negocian. Ya no investigan: cobran. Y lo más grave: ya ni siquiera disimulan.
Se ha instalado una práctica vergonzosa y cada vez más común: publicar contenidos por encargo a cambio de dinero. Notas disfrazadas de noticias, entrevistas arregladas, reportajes que no responden a ningún criterio informativo, sino al tamaño del pago recibido. Es un sistema donde, en algunos medios, la verdad se subasta y la credibilidad se liquida al mejor postor.
Un ex amigo, que recientemente se desempeñó como director de Comunicaciones de un ministerio, mientras hablábamos de diversos temas, se sinceró y confesó que la ética periodística desapareció hace tiempo. Puso como ejemplo a varios editores que reciben pagos por encima de los cien mil pesos mensuales.
No se trata de casos aislados. Es un modelo que se ha normalizado. Hay medios que funcionan prácticamente como agencias de publicidad encubierta, donde cualquier persona o empresa con suficiente dinero puede comprar una “noticia” favorable o silenciar una información incómoda. Eso no es periodismo.
Y mientras esto ocurre, muchos de esos mismos “comunicadores” se llenan la boca hablando de ética, de objetividad y de responsabilidad social. Una doble moral que insulta la inteligencia del público.
El resultado es devastador: reitero, algunos medios tradicionales han perdido la confianza de la gente. ¿Cómo creer en una prensa que vende sus espacios? ¿Cómo tomar en serio a periodistas que responden más a transferencias bancarias que a hechos verificables?
La pirámide invertida, las normas de redacción, los manuales de estilo… todo eso es irrelevante cuando el contenido está podrido. Porque el problema no es la forma: es la descomposición moral del oficio.
Hoy, más que nunca, hay que decirlo sin rodeos: gran parte del periodismo ha sido capturado por el dinero. Y mientras eso no cambie, lo que se publica no es información, es propaganda pagada.
La pregunta ya no es si los medios están comprometidos. La pregunta es: ¿queda alguno que no esté en venta?






