El Deporte Dominicano y la Hipocresía de sus Falsos Líderes de barro
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RESUMEN
POR FREDDY NÚÑEZ JORGE
SANTO DOMINGO, RD.-Las diferencias y las luchas de intereses existen en todos los sectores de la sociedad. Médicos, abogados, empresarios, periodistas, artistas y profesionales de cualquier área mantienen disputas internas, compiten por espacios y defienden posiciones encontradas. Sin embargo, cuando uno de sus miembros es víctima de una injusticia, una enfermedad o una situación de desgracia, generalmente surge un sentimiento de solidaridad que coloca la condición humana por encima de cualquier rivalidad.
Pero en una parte importante del movimiento olímpico dominicano parece ocurrir exactamente lo contrario.
Lo que debería ser una comunidad cimentada en valores como la fraternidad, el respeto y el compañerismo, se ha transformado en un escenario donde predominan el egoísmo, la indiferencia y la conveniencia personal. Muchos de los llamados dirigentes deportivos han olvidado que el liderazgo implica compromiso con las personas y no únicamente con los cargos, los viáticos, los viajes o las cuotas de poder.
Es doloroso, pero necesario decirlo: en numerosas federaciones deportivas la solidaridad es una especie en extinción.
Cuando un dirigente atraviesa momentos difíciles, cuando una enfermedad toca su puerta o cuando una tragedia golpea a su familia, son pocos los que aparecen para ofrecer respaldo sincero. Los mismos que durante años compartieron reuniones, asambleas, actividades y beneficios institucionales desaparecen repentinamente.
Administradores de conveniencias

Esa conducta revela una verdad incómoda: muchos de los supuestos líderes del deporte dominicano no son líderes, son simples administradores de conveniencias. Han hecho de la dirigencia deportiva un modo de vida, una plataforma para satisfacer ambiciones personales y preservar privilegios. Esa actitud no solo es cobarde; también constituye una traición a los valores que el deporte dice promover.
Afortunadamente, todavía existen excepciones. Un reducido grupo de dirigentes mantiene intacta su dignidad y comprende que el verdadero liderazgo se demuestra con la solidaridad. Son los que acompañan, apoyan y defienden a sus compañeros cuando las circunstancias se vuelven adversas. Ellos representan la reserva moral de un movimiento que necesita urgentemente reencontrarse con sus principios.
Mientras algunos dirigentes continúen viendo las federaciones como feudos personales y las relaciones humanas como instrumentos de conveniencia, el deporte seguirá perdiendo credibilidad y respeto. Porque las medallas pueden exhibirse en vitrinas y los cargos pueden acumular prestigio temporal, pero la calidad humana queda al descubierto cuando un compañero es víctima de persecución y quienes se autoproclaman líderes prefieren mirar hacia otro lado.
La historia siempre termina separando a los verdaderos líderes de los dirigentes de barro. Y en el deporte dominicano hay demasiados que todavía no han comprendido la diferencia.






