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Golpes sin respaldo: Elvis Guzmán revela la dura realidad del boxeo dominicano

Mientras elevan la bandera en el extranjero, los boxeadores dominicanos enfrentan la falta de apoyo estatal que les impide defender su gloria en su propia tierra


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POR FREDDY NÚÑEZ JORGE

SANTO DOMINGO, RD.- Recientemente sostuve una conversación fraternal con el empresario norteamericano de origen dominicano, Elvis Guzmán, residente en la ciudad de Nueva York. Más allá de los negocios, Elvis arrastra una profunda pasión por el boxeo, disciplina que practicó en su adolescencia y que sigue de cerca con fervor.

Nuestro primer encuentro se dio en un escenario memorable: la histórica pelea entre Bernard Hopkins y Oscar De La Hoya, celebrada el 18 de septiembre de 2004 en el MGM Grand Garden Arena, donde Hopkins se alzó con la victoria por nocaut en el noveno asalto, consolidándose como campeón indiscutible de los pesos medianos. Años más tarde, volvimos a coincidir en una convención de la Organización Mundial de Boxeo en Miami, reafirmando una amistad marcada por el amor al deporte.

Durante nuestra conversación más reciente, Elvis no ocultó su preocupación por la realidad que enfrentan los boxeadores dominicanos. A pesar de residir fuera del país, mantiene contacto cercano con varios pugilistas profesionales y conoce de primera mano las dificultades que atraviesan.


Combate entre Oscar De La Hoya y Bernard Hopkins

Allá en la República hay buenos peleadores”, expresó con convicción. Sin embargo, lamentó que, al alcanzar títulos importantes, muchos se ven obligados a defenderlos en el extranjero, en casa de sus retadores, debido a la falta de apoyo institucional y económico para organizar combates en suelo dominicano. Según explicó, los promotores locales no cuentan con el respaldo necesario del gobierno para montar carteleras de nivel mundial.

Esta realidad resulta contradictoria si se toma en cuenta la rica tradición boxística del país. El boxeo, tanto en su vertiente amateur como profesional, ha dado grandes logros a la República Dominicana, colocando su bandera en alto en múltiples escenarios internacionales. No obstante, ese aporte no se corresponde con el nivel de apoyo que reciben otras disciplinas deportivas.

El abandono institucional no solo limita el desarrollo de los atletas, sino que también priva al país de la oportunidad de convertirse en sede de grandes eventos, con el impacto económico y turístico que esto conlleva. Defender un título mundial en casa no debería ser un privilegio excepcional, sino una posibilidad real para quienes han trabajado arduamente para alcanzar la cima.

La reflexión es inevitable: ¿hasta cuándo el boxeo dominicano seguirá peleando solo, incluso después de haber conquistado la gloria?

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