Un caso que trasciende lo familiar y revela ambiciones sin límites
Este caso, debe ser analizado por profesionales de la psicología y las ciencias sociales como un ejemplo de “alta traición” en el ámbito familiar
SANTO DOMINGO, RD– La relación padre–hijo constituye uno de los vínculos más determinantes en la formación moral y emocional de una persona. Cuando ese lazo se rompe de manera pública y conflictiva, como reflejan informaciones aparecidas en medios de circulación nacional en el caso del segundo teniente Kenny Núñez Veras y su padre, el Capitán de Fragata retirado Freddy Núñez Jorge, el hecho trasciende lo familiar y se convierte en un fenómeno social que merece un análisis profundo. No se trata únicamente de una disputa por poder institucional, sino de una fractura ética que interpela valores fundamentales como la lealtad, la gratitud y el respeto a la figura paterna.
Expertos en el manejo de la conducta humana coinciden en que la traición filial suele estar asociada a ambiciones desmedidas o la instrumentalización del resentimiento como mecanismo de ascenso personal. En este contexto, las acciones atribuidas a Kenny Núñez Veras —difundidas a través de múltiples notas de prensa sugieren una estrategia orientada a desacreditar a su propio padre con el objetivo de desplazarlo de la presidencia de la Federación Dominicana de Pentatlón Moderno.
Resulta particularmente significativo que estas acusaciones incluyeran señalamientos de presunto desfalco, una imputación de extrema gravedad que afecta no solo la honra personal, sino también la credibilidad institucional del movimiento deportivo. Sin embargo, conforme a la decisión emitida por la jueza del Sexto Juzgado de la Instrucción, estableció que no existió desfalco, que no hubo querellante ni víctima. Esto coloca en entredicho la legitimidad moral de la ofensiva emprendida, por el señor Kenny Núñez Veras y sus aliados-
Desde una perspectiva psicológica, esto es una lucha de poder en la que el fin justifica los medios. A los 45 años de edad, Núñez Veras posee plena capacidad de discernimiento y responsabilidad sobre sus actos, lo que refuerza la gravedad de optar por el enfrentamiento destructivo.
La alineación de Kenny Núñez Veras con sectores cuestionados de gestiones pasadas del Ministerio de Deportes añade otra capa de complejidad al caso. Este tipo de alianzas, según especialistas, suele responder a dinámicas de conveniencia donde se sacrifican principios éticos a cambio de respaldo político o promesas de poder. Cuando estas decisiones implican dañar a un familiar directo, el impacto moral se amplifica y genera un profundo rechazo social.
El daño provocado por este conflicto no se limita al ámbito deportivo o institucional, sino que ha afectado de manera directa al entorno familiar. Hermanos del propio Kenny se han visto emocionalmente impactados por una confrontación que ha expuesto intimidades y fracturados vínculos, generando dolor y división. Esta situación revela cómo las ambiciones personales, cuando se imponen sin límites éticos, pueden arrasar con la armonía familiar y dejar secuelas difíciles de reparar.
Este caso, debe ser analizado por profesionales de la psicología y las ciencias sociales como un ejemplo de “alta traición” en el ámbito familiar, una conducta que no solo destruye relaciones afectivas, sino que evidencia profundas carencias éticas y emocionales con repercusiones sociales de gran alcance.






