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¡Alofoke sacude el tablero político dominicano: el “muchacho” que puso a temblar a los viejos dueños del poder!

De las redes sociales a la carrera presidencial: mientras la política tradicional intenta descalificarlo, Santiago Matías conquista las calles, despierta esperanzas y obliga a los partidos a preguntarse por qué tanta gente está dispuesta a escucharlo.


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POR FREDDY NÚÑEZ JORGE

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SANTO DOMINGO, RD.- Hay fenómenos políticos que no nacen en los salones de reuniones, ni en las oficinas de los grandes partidos, ni mucho menos en los tradicionales círculos de poder. Algunos nacen en la calle, en las redes sociales y, sobre todo, en el cansancio de una sociedad que comienza a preguntarse si ha llegado el momento de probar algo diferente.

En ese escenario aparece Santiago Matías, mejor conocido como Alofoke, un joven empresario de las plataformas digitales que, para sorpresa de muchos, ha comenzado a caminar con pasos firmes hacia un terreno que durante décadas parecía reservado exclusivamente para los políticos tradicionales: la conquista del poder político.

Y, como decimos los dominicanos, Alofoke ha puesto “rápido” a más de uno.

Los jerarcas de la política tradicional han comenzado a mirar con preocupación este fenómeno. No resulta difícil entenderlos. Durante décadas, los partidos han construido estructuras que se activan con mayor intensidad cuando se acercan las elecciones. Entonces aparecen los dirigentes, los abrazos, las promesas y los recorridos por los barrios. Pero cuando pasan los comicios, muchas veces los llamados “compañeritos de la base” vuelven a quedar esperando cuatro años más para ser escuchados.

Alofoke está rompiendo, de alguna manera, con ese libreto.

Desde que comenzó la recolección de firmas para impulsar la creación de su partido Dominicanos Primero, el fenómeno adquirió una dimensión que difícilmente puede ser ignorada. Las imágenes de ciudadanos haciendo largas filas en el Parque Central de Santiago de los Caballeros para estampar sus firmas y expresar su respaldo constituyeron una señal política que merece ser observada con seriedad.

No se trata simplemente de una fila.

Santiago Matas de las redes sociales a la carrera presidencial

Una fila puede representar mucho más que personas esperando un turno. Puede representar expectativas, frustraciones, esperanza y, en algunos casos, el deseo de demostrar que existe una parte de la sociedad dispuesta a intentar algo diferente.

Los políticos tradicionales pueden aceptar o rechazar a Santiago Matías. Pueden cuestionarlo, minimizarlo o tratar de descalificarlo. Pero hay algo que no deberían hacer: subestimarlo.

Porque Alofoke está escribiendo su nombre con tinta que, al menos por ahora, parece difícil de borrar.

Un fenómeno que está haciendo camino al andar

Hay una frase que cobra especial significado en este momento: se hace camino al andar.

Alofoke no parece estar siguiendo el manual tradicional de la política dominicana. Su fortaleza está precisamente en aquello que los políticos tradicionales quizá consideran su debilidad: no proviene de una estructura partidaria tradicional. Su principal herramienta ha sido la comunicación directa con millones de personas a través de sus plataformas.

Y eso tiene un enorme significado en una sociedad donde las nuevas generaciones consumen información de una manera completamente distinta.

El fenómeno merece atención también porque, hasta donde he podido observar en el proceso de recolección de firmas, no ha tenido como protagonista visible el tradicional intercambio de dinero, el “pica pollo” o los famosos 500 pesos que tantas veces han acompañado las movilizaciones políticas dominicanas.

Eso, por sí solo, no garantiza el éxito de un proyecto político. Pero sí constituye un elemento digno de análisis.

Alofoke parece haber encontrado algo que muchos partidos han perdido: la capacidad de conectar emocionalmente con determinados sectores de la población.

Y cuando una persona logra conectar con la gente, no necesariamente necesita que todos estén de acuerdo con ella. Le basta con conseguir que la gente la escuche.

Pero el poder también exige responsabilidad

Dicho esto, considero necesario hacer una observación personal.

No conozco personalmente a Santiago Matías. Mi opinión sobre él se fundamenta en lo que he podido observar públicamente a través de sus plataformas, sus intervenciones y sus actuaciones.

Precisamente por eso, entiendo que si sus aspiraciones políticas son serias, debe comenzar a entender que una cosa es ser una figura poderosa de las redes sociales y otra muy distinta es aspirar a gobernar una nación.

Alofoke tiene una personalidad fuerte, espontánea y provocadora. Esa característica probablemente ha sido una de las claves de su éxito comunicacional. Sin embargo, en política, la palabra también puede construir o destruir.

Por eso me permito exhortarlo a bajar un poco el tono de algunas expresiones vulgares o demasiado encendidas que ocasionalmente utiliza.

No se trata de que pierda su esencia.

Se trata de que entienda que, si realmente aspira a la Presidencia de la República, tendrá que comenzar a hablarle también a quienes no consumen sus contenidos, a quienes no comparten su estilo y a quienes esperan de un futuro gobernante un lenguaje más institucional.

Gobernar no es solamente convencer a quienes piensan como uno; es aprender a hablarle también a quienes piensan diferente.

La dimensión humana también cuenta

Hay otro aspecto de Santiago Matías que considero importante destacar: su solidaridad con personas necesitadas.

Alofoke ha puesto “rápido” a los políticos tradicionales

Más allá de las controversias, de las críticas y de su particular estilo de comunicación, he podido observar manifestaciones de solidaridad hacia personas en situaciones difíciles. Esa sensibilidad hacia quienes tienen menos recursos es una cualidad que, en cualquier persona que aspire a ejercer una función pública, debe ser valorada.

Alofoke necesita entender que la política es otra cancha

Si Santiago Matías realmente pretende llegar a la Presidencia de la República, deberá dar un paso fundamental: rodearse de personas capaces de decirle la verdad, incluso cuando esa verdad no sea agradable.

Necesita buenos asesores políticos.

Necesita profesionales que conozcan las instituciones del Estado.

Necesita economistas, abogados, especialistas en políticas públicas y personas con experiencia en administración pública.

Pero también necesita periodistas y comunicadores profesionales que sepan manejar las relaciones públicas, organizar sus mensajes y llevar su propuesta a sectores que hoy no necesariamente consumen sus plataformas.

Sus redes sociales son una fortaleza extraordinaria.

Pero no pueden ser su única estructura de comunicación.

La República Dominicana es mucho más grande que las redes sociales.

Hay comunidades rurales, envejecientes, empresarios, trabajadores, profesionales, amas de casa y ciudadanos que quizás nunca han visto uno de sus programas. A todos ellos tendrá que hablarles.

Y tendrá que hacerlo no solamente desde la emoción, sino desde las propuestas.

El verdadero desafío comienza ahora

El mayor reto de Alofoke no será conseguir firmas.

Tampoco será llenar una plaza.

Mucho menos será convertirse en tendencia en las redes sociales.

El verdadero desafío será demostrar que puede transformar popularidad en liderazgo político, y liderazgo político en un proyecto serio de nación.

Porque una cosa es ser popular y otra es ser estadista.

Una cosa es tener seguidores y otra muy diferente es tener ciudadanos convencidos de que uno está preparado para dirigir el destino de un país.

Alofoke ha comenzado a hacer camino al andar. El tiempo dirá hasta dónde llegará.

Pero una cosa parece evidente: ya nadie que observe seriamente el panorama político dominicano puede darse el lujo de ignorarlo.

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