“Comité Organizador Juegos Centroamericanos y del Caribe, entre organización y conspiración”
Mientras el comité liderado por José P. Monegro avanza, crecen las acusaciones de sabotaje interno y falta de respuestas oficiales.
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RESUMEN
El proceso organizativo de los Juegos Centroamericanos y del Caribe Santo Domingo 2026 se encuentra en una situación complicada, marcada por tensiones internas y un clima de silencios institucionales. Aunque el comité organizador, liderado por José P. Monegro, proyecta una imagen de compromiso, existen denuncias sobre sectores dentro del movimiento olímpico dominicano que estarían obstaculizando el avance del evento. Estas tensiones han generado críticas hacia Monegro y el ministro de Deportes, Kelvin Cruz, quienes son percibidos como pasivos ante los conflictos. Luis Mejía Oviedo, dirigente olímpico con experiencia internacional, también juega un papel crucial en este contexto, aunque su influencia no ha sido del todo clara. Además, un grupo de empresarios y comerciantes vinculados al deporte se siente excluido del proceso organizativo, lo que añade otra capa de complejidad. La falta de mecanismos transparentes para abordar estos conflictos podría tener repercusiones más graves que cualquier retraso logístico, poniendo en riesgo la imagen del país ante la región.
- El comité organizador enfrenta tensiones internas y críticas por su gestión.
- Denuncias de grupos que operan en contra del proceso organizativo.
- José P. Monegro y Kelvin Cruz son cuestionados por su aparente pasividad.
- Luis Mejía Oviedo tiene un papel clave, pero su influencia es incierta.
- Empresarios y comerciantes se sienten marginados del proceso.
- La falta de transparencia y diálogo podría agravar los conflictos existentes.
A pocos meses de los Juegos Centroamericanos y del Caribe Santo Domingo 2026, el comité organizador enfrenta serias tensiones internas y cuestionamientos sobre su gestión. A pesar de los esfuerzos visibles, surgen denuncias de grupos que operan en contra del proceso, lo que podría afectar el éxito del evento.
POR FREDDY NÚÑEZ JORGE
SANTO DOMINGO, RD.- Apenas meses para la celebración de los Juegos Centroamericanos y del Caribe Santo Domingo 2026, el proceso organizativo actualmente presenta más sombras que luces en un escenario complejo, marcado no solo por los desafíos logísticos propios de un evento de esta magnitud, sino también por tensiones internas, cuestionamientos y un preocupante clima de silencios institucionales.
Aunque el comité organizador mantiene un ritmo de trabajo activo y proyecta una imagen de compromiso con el éxito del certamen, diversas voces del entorno deportivo advierten sobre una realidad menos visible: la existencia de sectores dentro del propio movimiento olímpico dominicano que, lejos de sumar, estarían operando en dirección contraria.
Estas denuncias, que circulan con insistencia en círculos deportivos, apuntan a un grupo con influencia que apostaría al desgaste del proceso, en lo que algunos interpretan como una pugna de poder o represalias por exclusión en la toma de decisiones. esta situación sería conocida por altas autoridades sin que hasta el momento se haya producido una respuesta clara.
En ese contexto, el rol del presidente del comité organizador, el periodista José P. Monegro, y del ministro de Deportes, el ingeniero Kelvin Cruz, ha sido objeto de críticas. A ambos se les reconoce capacidad y conocimiento, pero se les cuestiona una aparente pasividad frente a conflictos que, de no ser solucionado a tiempo, podrían impactar de manera negativa del evento.

La falta de acciones visibles para enfrentar estas tensiones ha alimentado la percepción de que se está optando por una estrategia de contención silenciosa, que si bien evita confrontaciones públicas, también podría estar permitiendo que los problemas se profundicen en la sombra.
Otro actor clave en este entramado es el dirigente olímpico Luis Mejía Oviedo, cuya experiencia y posición internacional le otorgan un conocimiento privilegiado del panorama. Su cercanía con las estructuras del olimpismo mundial y su pasado al frente del Comité Olímpico Dominicano lo convierten en una figura que, según diversas opiniones, no solo entiende la dimensión del problema, sino que también podría influir en su solución. Sin embargo, su papel en medio de estas tensiones no ha sido del todo claro para la opinión pública.
A este cuadro se suma el malestar de un segmento de empresarios y comerciantes vinculados al deporte, quienes se sienten marginados del proceso organizativo, sobre todo en el l interés económico.
El riesgo, advierten analistas, no radica únicamente en la existencia de conflictos, algo habitual en procesos de gran escala, sino en la falta de mecanismos transparentes para canalizarlos. La ausencia de diálogo abierto, rendición de cuentas y cohesión institucional podría convertirse en un factor más determinante que cualquier retraso en infraestructura o logística.
En definitiva, Santo Domingo 2026 se juega mucho más que la organización de un evento deportivo. Está en juego la capacidad del país para limar sus diferencias internas, construir consensos y proyectar una imagen de unidad ante la región. El tiempo aún permite corregir el rumbo, pero hacerlo requerirá más que trabajo técnico: exigirá liderazgo firme, decisiones oportunas y, sobre todo, voluntad de enfrentar las tensiones en lugar de ignorarlas.






