Cuando el periodismo se vende, la verdad pierde
Las denuncias sobre supuestas nóminas de comunicadores al servicio de Luis Chanlatte plantean una seria interrogante sobre la credibilidad de una parte de la prensa deportiva dominicana.
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RESUMEN
POR FREDDY NÚÑEZ JORGE
SANTO DOMINGO, RD.– Existe un principio fundamental que debería guiar el ejercicio periodístico: la lealtad del periodista debe estar con la verdad y con el público, nunca con quienes financian intereses particulares. Sin embargo, las informaciones que han llegado a nuestra redacción obligan a cuestionar si algunos comunicadores deportivos han olvidado por completo esa responsabilidad.
Como dice el viejo refrán, nada permanece oculto sobre la tierra. Según una fuente cercana al entorno de Luis Chanlatte, este habría afirmado que cuenta con una nómina de más de diez periodistas que trabajan para promover su proyecto hacia la presidencial del Comité Olímpico Dominicano y difamar a dirigentes federados que son sus adversarios.
Si esa afirmación es cierta, no estaríamos ante una simple estrategia de comunicación. Estaríamos frente a un grave atentado contra los principios más elementales de la ética periodística.
El público tiene derecho a saber cuándo está leyendo una noticia y cuándo está consumiendo publicidad. Lo inmoral ocurre cuando la propaganda se disfraza de información objetiva, engañando a lectores, oyentes y televidentes. Más grave aún si quien escribe o comenta la información pertenece a un sector de la crónica deportiva popularmente conocido como los “pica-pica”.
La ética periodística exige independencia, equilibrio y transparencia. Un periodista puede tener amistades, simpatías e incluso preferencias personales, pero nunca debe permitir que esas relaciones condicionen el contenido informativo que ofrece al público.
En el país existen comunicadores que, hace apenas algunos años, provenían de entornos marcados por limitaciones económicas y que hoy exhiben vehículos de alta gama, residen en sectores de clase media alta o alta y proyectan estilos de vida que parecen incompatibles con los salarios que predominan en gran parte de los medios de comunicación.
La pregunta no busca condenar a nadie ni desconocer el fruto del trabajo honesto. Sin embargo, cuando en muchos medios los salarios apenas rondan o no superan los 30 mil pesos mensuales, resulta natural que la ciudadanía se pregunte cómo algunos comunicadores han logrado alcanzar niveles de bienestar que parecen muy superiores a los ingresos conocidos de la profesión.
La transparencia no puede ser una exigencia reservada exclusivamente para políticos, empresarios o dirigentes. También debe ser un compromiso de quienes tienen la responsabilidad de fiscalizar a los demás.
La tragedia del periodismo moderno no es únicamente la desinformación. Es también la pérdida de valores. Es ver cómo algunos profesionales cambian la independencia por favores económicos, la objetividad por conveniencia y la credibilidad por contratos.
La prensa deportiva dominicana cuenta con profesionales serios, responsables y comprometidos con la verdad. Pero también debe enfrentar con valentía aquellas prácticas que ensucian el oficio y desprestigian a toda una profesión.
Porque, al final, el problema no es que existan políticos o dirigentes interesados en ganar influencia mediática. El verdadero problema es que haya periodistas dispuestos a alquilar su conciencia para ayudarlos a lograrlo. Y cuando eso ocurre, no solo se corrompe el periodismo; también se traiciona el derecho de la sociedad a estar informada con honestidad.






