Choferes y habitantes de Las Canas en Imbert, Puerto Plata esperan por la construcción de un puente
Una constante polvareda en las calles ha provocado que muchos tengan que emigrar hacia otras comunidades
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RESUMEN
POR GUILLERMO GERALDINO
LAS CANAS, IMBERT. – Penurias, desasosiego, calamidades son males que en la actualidad pasan cientos de conductores que se trasladan diariamente del municipio de Imbert, con destino a Luperón, tras la destrucción de un puente en la sección Las Canas.
El sindicato de choferes que hace la ruta arriba mencionada ha visto como sus unidades Muestran un deterioro progresivo debido a los hoyos que existen en el desvío luego que colapsara el puente producto de la crecida de una cañada.

“En los próximos días vamos a parar el tránsito por tres días consecutivos con la finalidad de que el ministerio de Obras Públicas, terminé la construcción que iniciaron años atrás”, dijo textualmente Silvano Tejeda, secretario general del sindicato que agrupa a los choferes de la región.
Un dolor de cabeza
El dirigente del volante asegura que la situación que están viviendo representa un “dolor de cabeza” para los choferes, pero también para los cientos de habitantes que viven en este poblado, formado mayormente por personas humildes, que se dedican a las labores del campo.
Redactores de “La voz de la noticia RD” en un trabajo amplio, pudieron constatar que debido a la pésima condición en que viven los munícipes, las enfermedades se producen unas tras otras y toca la salud de niños, jóvenes, adultos y los adultos mayores, varios de ellos de manera lamentable.
Equipos abandonados
Algunas familias se han visto obligadas a emigrar hacia otras comunidades, para no caer en la desgracia que viven, quienes se han mantenido en las Canas, porque no tienen otro espacio que no sea las casitas que poseen.
Un caso triste y penoso es el de la señora Julia Calderín, de 75 años, quien solo cuenta con su casita y por ende tiene que soportar la polvareda, hecho que ha provocado que una de sus hijas y sus tres nietos hoy atraviesen por enfermedades y estén carentes de recursos para la compra de sus medicamentos.

Ni siquiera los frecuentes gritos de los residentes han tocado la sensibilidad del Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones para que le busque una solución a este grave problema, que de mantenerse, poco a poco verá fallecer al resto de los pobladores.
Es notorio observar en los alrededores equipos pesados adscritos al MOPC prácticamente abandonados por los ingenieros que tienen a su cargo la construcción de la obra.
El panorama es triste y de desesperación, pero los residentes de las Canas esperan con ansias por la llegada de una mano amiga que le resuelva el tétrico momento que los afecta en los últimos cinco años.
Los munícipes abrigan la esperanza de poder volver a la vida normal que mantenían antes de suceder el caso que hoy los mantienen en constantes oraciones al todopoderoso para que le devuelva la vida normal y saludable.






