¿Doble moral en el conflicto? Preguntas necesarias sobre Israel, Palestina y Hamás
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RESUMEN
POR FREDDY NÚÑEZ JORGE
SANTO DOMINGO, RD.- En las últimas semanas, hemos visto un aluvión de voces condenando los bombardeos de Israel sobre la Franja de Gaza. Las redes sociales, los medios internacionales y los foros públicos se han llenado de mensajes de apoyo a Palestina y de acusaciones severas contra el Estado israelí. Pero ante tanta indignación, surge una pregunta que muchos prefieren evitar: ¿dónde estaban todos esos defensores de la justicia el 7 de octubre, cuando Hamás lanzó un ataque brutal contra civiles israelíes, asesinando y secuestrando a cientos de personas?
No se trata de justificar la violencia de un lado con la del otro. La tragedia humana en Gaza es innegable y dolorosa. Pero ignorar el contexto o aplicar una condena selectiva solo alimenta una narrativa incompleta y, a menudo, injusta.
Hamás, catalogado como grupo terrorista por la Unión Europea, Estados Unidos y otros países, no representa a toda la población palestina. Sin embargo, ha sido el principal responsable del ataque del 7 de octubre y del secuestro de más de 200 personas, muchas de las cuales aún siguen en cautiverio. Entonces, si el objetivo es la paz, ¿por qué no se exige con igual vehemencia que Hamás libere a los rehenes? ¿Por qué no se presiona a esta organización para que rinda cuentas por sus acciones?
Muchos de los que hoy se solidarizan con Palestina –con toda legitimidad en algunos casos– guardaron silencio o minimizaron el ataque inicial. Otros incluso justificaron los actos de Hamás como parte de una «resistencia legítima», sin detenerse a pensar que nada puede justificar la masacre de civiles inocentes, ni en un lado ni en el otro.
La empatía no puede ser selectiva. Si vamos a defender los derechos humanos, deben ser los de todos. Condenar los bombardeos en Gaza es válido, pero debe ir acompañado de una condena clara al terrorismo. Exigir un alto al fuego también implica exigir que los rehenes regresen a casa y que Hamás deje de usar a civiles como escudos humanos.
No hay paz posible sin verdad, ni justicia sostenible con parcialidad. En este conflicto, como en muchos otros, la moral selectiva solo prolonga el sufrimiento.






