Donde el ring se llenó de honor y la honra tuvo nombre propio Paco Valcárcel
POR FREDDYNÚÑEZ JORGE
SANTO DOMINGO, RD.- Siempre se ha dicho que honrar honra, y pocas frases resultan tan oportunas como para describir lo ocurrido este viernes en el gimnasio del doctor Ramón Pina Acevedo, enclavado en el ensanche Ozama de la zona oriental de la provincia Santo Domingo.
Allí se celebró una función de boxeo aficionado que trascendió lo deportivo para convertirse en un emotivo acto de reconocimiento al licenciado Francisco “Paco” Valcárcel, figura de probada trayectoria y compromiso con el boxeo y el deporte en sentido amplio.
La velada reunió a personalidades que, desde distintos frentes, han contribuido al crecimiento y la institucionalidad del boxeo. Paco Valcárcel estuvo acompañado por el doctor Soto González, director de la clínica que lleva su nombre; el empresario Georgie Herrera, representante de la Organización Mundial de Boxeo (OMB) en la República Dominicana; el doctor en derecho Yuseph Lamboy, ejecutivo de la OMB; el doctor Mérido Torres; el ingeniero Rafael Isenia y el periodista Freddy Núñez, ambos miembros de la OMB Latino.

La presencia de todos ellos reafirmó el respeto y la valoración que despierta el homenajeado en los círculos deportivos y profesionales.
En lo estrictamente boxístico, el montaje de los combates estuvo a cargo del reconocido entrenador Kid Can, quien garantizó una cartelera organizada y competitiva, brindando a los jóvenes talentos la oportunidad de mostrar su progreso sobre el ring. La función contó además con la voz autorizada del periodista Yoel Adames, quien fungió como anunciador oficial, aportando el ritmo y la solemnidad que amerita una tarde de esta naturaleza.
Más allá de los golpes y las decisiones arbitrales, la jornada dejó un mensaje claro: el reconocimiento en vida es una forma genuina de justicia. Honrar a quienes han dedicado su tiempo, conocimiento y pasión al desarrollo del deporte no solo dignifica al homenajeado, sino que también fortalece los valores que sostienen al boxeo. En cada saludo, en cada palabra de afecto y en cada aplauso sincero, se sintió el respeto ganado a pulso por Paco Valcárcel a lo largo de los años.
La emoción fue compartida no solo por los presentes, sino también por los jóvenes boxeadores que, desde el cuadrilátero, fueron testigos de un ejemplo vivo de lo que significa servir al deporte con integridad y vocación. Para ellos, la tarde no fue solo una función más, sino una lección silenciosa de respeto, gratitud y legado.
Así, entre aplausos, emociones y combates bien disputados, quedó demostrado que cuando se honra con sinceridad, la honra se multiplica. Y esa, más allá de cualquier resultado deportivo, fue sin dudas la gran victoria de la función del arte de contender con los puños.






