¡El boxeo dominicano exige su casa: 80 años poniendo en alto la bandera y todavía espera justicia!
Medallas olímpicas, campeones panamericanos y siete oros en Santo Domingo 2026: el boxeo ha cumplido en el ring y en las playas extranjeras; ahora el Estado dominicano tiene la palabra.
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RESUMEN
POR FREDDY NÚÑEZ JORGE
SANTO DOMINGO, RD.- Este miércoles 19 de agosto recibí, por vía de nuestro columnista de LA VOZ DE LA NOTICIA RD.COM.DO, el ingeniero Luis Ciprián, un documento escrito por el reputado abogado, empresario, dirigente deportivo y presidente de la Federación Dominicana de Boxeo Olímpico, doctor Rubén García, lo que me llevó a hacer la siguiente reflexión.
Hay momentos en que una sociedad tiene que detenerse, mirar hacia atrás y preguntarse si ha sido justa con quienes, durante décadas, han llevado su bandera a tierras extranjeras y han hecho que el nombre de la República Dominicana sea pronunciado con respeto en los grandes escenarios deportivos.
Creo que ese momento ha llegado para el boxeo dominicano.
Y lo digo con toda responsabilidad, pero también con firmeza: el Estado dominicano tiene una deuda histórica con el boxeo olímpico y ha llegado la hora de saldarla.
No estoy hablando de una simple instalación deportiva.
Estoy hablando de construir una verdadera casa del boxeo dominicano, un espacio que esté a la altura de las hazañas que nuestros púgiles han protagonizado durante ocho décadas.
Porque cuando revisamos nuestra historia deportiva, resulta imposible ignorar la enorme contribución del boxeo.
En 1946, cuando la República Dominicana participó por primera vez en unos Juegos Centroamericanos y del Caribe, tres de las cuatro medallas de oro conquistadas por el país fueron aportadas por boxeadores.

Décadas después, Pedro Julio Nolasco conquistó en Los Ángeles 1984 la primera medalla olímpica de nuestra historia.
Joan Guzmán consiguió en Mar del Plata 1995 el primer oro dominicano en unos Juegos Panamericanos.
Félix Díaz se convirtió en campeón olímpico en Beijing 2008.
Y la historia continúa escribiéndose.
En París 2024, el boxeo aportó dos de las tres medallas olímpicas conquistadas por la República Dominicana.
En San Salvador 2023, nuestra delegación de boxeo terminó subcampeona.
Y en Santo Domingo 2026, en nuestros propios Juegos Centroamericanos y del Caribe, ocho de nuestros doce boxeadores conquistaron medallas: siete de oro y una de bronce.
¿Puede alguien, después de estos resultados, sostener que el boxeo no merece una atención especial?
Una casa que cuente nuestra historia
Por eso considero que el Estado dominicano debe asumir el compromiso de dotar al boxeo olímpico de una instalación moderna, permanente y digna.
Pero quiero ir todavía más lejos.
No debería ser simplemente un pabellón para entrenar.
Debería ser una instalación que cuente la historia del boxeo dominicano.
Un lugar donde un niño que llegue por primera vez pueda conocer quién fue Pedro Julio Nolasco.
Donde pueda contemplar la historia olímpica de Félix Díaz.
Donde conozca los triunfos de Joan Guzmán.
Donde estén representados nuestros campeones centroamericanos, panamericanos, mundiales y olímpicos.
Un lugar donde las nuevas generaciones puedan caminar entre fotografías, medallas, recuerdos y nombres de hombres y mujeres que, muchas veces en condiciones difíciles, hicieron sonar el Himno Nacional en tierras extranjeras.
Esa instalación debe ser gimnasio, centro de alto rendimiento y museo de nuestra memoria deportiva.
Debe ser la casa donde se formen los campeones del futuro y, al mismo tiempo, el templo donde se honre a quienes construyeron el camino.
El Estado tiene que mirar más allá de las medallas
A veces tenemos una visión demasiado corta del deporte.
Nos acordamos del atleta cuando gana.
Celebramos la medalla.
Publicamos la fotografía.
Escuchamos el Himno Nacional.
Nos emocionamos.
Pero después de la celebración, muchas veces olvidamos preguntarnos qué condiciones tuvo ese atleta para llegar hasta allí y qué necesitará la próxima generación para repetir la hazaña.
Eso tiene que cambiar.
No podemos exigir resultados de alto rendimiento ofreciendo condiciones que muchas veces están lejos de ser de alto rendimiento.
El boxeo ya demostró que puede responder.
Ahora corresponde al Estado responderle al boxeo.
Y no estoy diciendo que se le quite a otro deporte para entregárselo al boxeo.
Todo lo contrario.
Estoy convencido de que el crecimiento del deporte dominicano debe ser integral.

Pero precisamente por eso considero legítimo pedir que aquellos deportes que históricamente han demostrado su capacidad para representar dignamente al país tengan las condiciones necesarias para continuar haciéndolo.
Los resultados obtenidos en Santo Domingo 2026 nos ofrecen una oportunidad extraordinaria.
Por eso no creo que debamos esperar otra generación para volver a hablar del tema.
El momento es ahora.
Que el Estado dominicano convierta esta extraordinaria cosecha de medallas en una decisión histórica.
Que construya una instalación que no solamente sirva para entrenar, sino que también sea un monumento vivo a la historia del boxeo dominicano.
Que cuando un niño entre allí pueda decir:
“Aquí entrenaron los hombres y mujeres que hicieron grande a mi país.”
Y que cuando un campeón dominicano salga de esa instalación rumbo a unos Juegos Olímpicos, un campeonato mundial o unos Juegos Panamericanos, sepa que detrás de él hay una nación que creyó en su talento.
Después de ocho décadas, creo que podemos decirlo sin temor a equivocarnos:
El boxeo dominicano no le está pidiendo al Estado un privilegio.
Le está pidiendo que reconozca una deuda.
Una deuda que no se paga con discursos.
Una deuda que no se paga solamente con homenajes.
Una deuda que se paga con una obra.
Una obra que permanezca.
Una obra que forme campeones.
Una obra que preserve nuestra memoria.
Una obra que le diga a las futuras generaciones que la República Dominicana nunca olvidó a quienes, con sus puños y su sacrificio, hicieron ondear nuestra bandera en tierras extranjeras.
El boxeo ya hizo historia.
Ahora le corresponde al Estado dominicano construir la casa que esa historia merece.






