El COD entre silencios, lealtades y descrédito institucional
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RESUMEN
POR FREDDY NÚÑEZ JORGE
SANTO DOMINGO, RD.- El deporte dominicano ha sido históricamente una de las principales vitrinas de orgullo nacional. Desde las hazañas olímpicas hasta el crecimiento de distintas disciplinas, el movimiento deportivo ha servido como ejemplo de sacrificio, disciplina y representación patria. Sin embargo, en los últimos tiempos, el Comité Olímpico Dominicano (COD) parece alejarse cada vez más de esos valores que en algún momento le dieron credibilidad y respeto ante la sociedad.
Tras la publicación de varios trabajos periodísticos señalando desaciertos dentro del organismo olímpico, han surgido nuevas voces desde el propio entorno ejecutivo del COD. Aunque bajo condición de anonimato —por temor a represalias internas—, las revelaciones apuntan a un clima de control político, conveniencias personales y silencios estratégicos que deterioran la institucionalidad deportiva.

Uno de los nombres mencionados es el de Irina Pérez. Según la fuente consultada, su ascenso dentro del COD no responde necesariamente a un liderazgo consolidado desde su federación, sino más bien a su alineación con las decisiones impulsadas por figuras influyentes como Luis Chanlatte, Garibaldy Bautista y José Mera. La percepción que transmite esta denuncia es preocupante: la meritocracia parecería haber sido sustituida por la obediencia y el respaldo automático a determinados grupos de poder.
Más delicada aún resulta la valoración emitida sobre Dulce María Piña. Aunque se reconoce su trayectoria y éxitos como atleta, las críticas apuntan a una supuesta falta de independencia de criterio dentro del escenario dirigencial. La fuente la describe como una figura que actúa según las conveniencias del momento, dejando entrever que dentro del COD prevalece una cultura donde muchos optan por acomodarse al poder antes que defender principios institucionales.
Pero quizá la figura más intrigante en este tablero sea José “Jochi” Mera. El informante lo presenta como un operador silencioso, capaz de influir decisivamente en las decisiones del presidente y del secretario general del COD sin necesidad de protagonismo público. Se le atribuye un rol estratégico, casi de control interno, en una estructura donde las decisiones parecerían cocinarse lejos de la transparencia y el debate democrático.

Más allá de los nombres señalados, lo verdaderamente alarmante es el retrato institucional que emerge de estas denuncias. Cuando dentro de una entidad deportiva se instala el miedo a hablar, cuando las diferencias se castigan y cuando el poder se concentra en pequeños círculos de influencia, el problema deja de ser individual para convertirse en estructural.
El Comité Olímpico Dominicano no puede seguir transitando un camino donde las lealtades personales estén por encima del deporte nacional. Las federaciones, los atletas y la sociedad merecen una institución transparente, plural y comprometida con el desarrollo deportivo, no con intereses particulares ni luchas internas de poder.
Hoy más que nunca, el COD necesita una profunda reflexión interna. Porque las medallas, los discursos y las fotografías oficiales pierden valor cuando detrás de ellas se percibe un ambiente de manipulación, silencios y descrédito institucional.






