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Kelvin Cruz y la advertencia que lleva nombre: Luis Chanlatte

La historia reciente del deporte dominicano obliga a mirar con atención a quienes buscan recuperar espacios de influencia.


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POR LUIS CIPRIAN

LA ROMANA, RD.- En la pasada gestión de Francisco Camacho al frente del Ministerio de Deportes, pocos personajes acumularon tanto poder e influencia en los pasillos deportivos como Luis Chanlatte. Para muchos dirigentes, era visto como el verdadero poder detrás del trono, una figura con capacidad de recomendar nombramientos, impulsar decisiones y, según denunciaban diversos sectores, influir incluso en cancelaciones dentro de la estructura deportiva nacional.

Resultaba llamativo que una federación encabezada por Chanlatte, cuya situación de reconocimiento ha sido objeto de cuestionamientos, recibiera asignaciones presupuestarias superiores a las de disciplinas históricas y de alto rendimiento como boxeo, atletismo, lucha y natación. Aquella realidad generó incomodidad y malestar entre numerosos federados que observaban con impotencia cómo se alteraban prioridades que, en teoría, debían responder al desarrollo integral del deporte dominicano.

También fueron frecuentes los comentarios sobre el traslado de utilerías y recursos del Ministerio de Deportes hacia espacios vinculados a la Federación que dirigía Chanlatte y al pabellón de taekwondo. Aunque muchas de estas versiones circularon de manera informal entre dirigentes y actores del sector, contribuyeron a fortalecer la percepción de que existía un trato privilegiado hacia determinados grupos de poder.

Elecciones en el COD

Hoy, cuando se aproxima un nuevo proceso electoral en el Comité Olímpico Dominicano (COD), vuelve a llamar la atención el notable activismo político del también conocido en algunos círculos deportivos como “el innombrable”. Su presencia cercana al actual ministro de Deportes, Kelvin Cruz, no ha pasado desapercibida para quienes conocen la historia reciente del deporte nacional.

Es precisamente por esa experiencia acumulada que muchos observadores consideran prudente lanzar una voz de alerta. No se trata de cuestionar la capacidad ni la independencia del ministro Cruz, sino de recordar que algunos operadores políticos han demostrado una extraordinaria habilidad para moverse en las sombras, influir en decisiones estratégicas y construir estructuras de poder alrededor de las instituciones deportivas.

Quienes han vivido de cerca los conflictos federativos de los últimos años recuerdan acusaciones recurrentes sobre persecución de dirigentes, intentos de división interna, compra de voluntades y fabricación de expedientes para desacreditar adversarios. Lo cierto es que la simple existencia de esas percepciones debería ser motivo suficiente para actuar con cautela.

El deporte dominicano necesita transparencia, institucionalidad y respeto a la autonomía de sus federaciones. Las próximas elecciones del Comité Olímpico Dominicano deben convertirse en una oportunidad para fortalecer la democracia deportiva, no para revivir prácticas que tantos cuestionamientos generaron en el pasado.

Kelvin Cruz tiene ante sí el desafío de marcar una diferencia. Rodearse de los mejores asesores es parte de la función pública, pero también lo es saber identificar cuándo una cercanía puede convertirse en una carga política innecesaria. La historia reciente del deporte nacional ofrece suficientes lecciones para no repetir errores que terminaron debilitando la confianza de dirigentes, atletas y federaciones.

El deporte dominicano merece avanzar hacia el futuro, no regresar a los viejos esquemas de control e influencia que tanto daño han hecho a su credibilidad.

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