Kenny Núñez la cara oculta de la traición familiar y alianzas oscuras
POR LUIS CIPRIAN
SANTO DOMINGO, RD.- ¿Qué significaría para una federación que su destino esté en manos de una persona señalada por ser capaz de traicionar incluso a su propio padre? La pregunta no es menor ni retórica: apunta al corazón de la ética, a la credibilidad y al ejemplo que debe emanar de quienes dirigen el movimiento deportivo. Si alguien es capaz de quebrar el vínculo más sagrado, ¿qué garantías morales puede ofrecer a una institución que exige transparencia, honor y compromiso?
Según versiones recogidas en su propio entorno familiar, hermanos que no comulgan con lo que consideran una conducta perversa, el señor Kenny Núñez Veras habría dado la espalda a ese padre que —en los momentos más difíciles de su vida— fue su sostén incondicional. Estas voces describen una ruptura profunda, una línea cruzada que para muchos resulta imperdonable y que proyecta una sombra inquietante sobre su proceder público.

Las mismas versiones sostienen que, por un puñado de dinero y la promesa de control institucional, se habría alineado con los sectores más oscuros del movimiento deportivo, llegando —en palabras de quienes lo critican— a “vender el alma al diablo” con tal de obtener la Federación Dominicana de Pentatlón. No se trata solo de ambición; se trata de principios, de límites éticos y de la coherencia entre lo que se predica y lo que se hace.
No obstante, este comportamiento —siempre según dichas fuentes— no habría ocurrido en soledad. Se afirma que ha contado con apoyo financiero de la pasada gestión del Ministerio de Deportes, así como con el respaldo de dos miembros del actual comité ejecutivo del Comité Olímpico Dominicano. De ser cierto, el problema trasciende a un individuo y revela una red de complicidades que compromete a estructuras enteras.
Hoy, más que nombres propios, lo que está en juego es el futuro de ese deporte. La dirigencia no puede ser refugio de conductas perversas. El deporte dominicano merece líderes íntegros, y la sociedad tiene el deber de exigir claridad, responsabilidad y verdad antes de que el daño sea irreversible.






