EditorialNacionales

La seguridad nacional no se improvisa, se fortalece


Escuchando artículo…

0:00 / 0:00


POR FREDDY  NÚÑEZ JORGE

SANTO DOMINGO, RD.- La República Dominicana necesita preparar mejor su defensa y sus capacidades de seguridad. Vivimos en una región estratégica del Caribe: rutas marítimas y aéreas que facilitan el comercio, pero que también son aprovechadas por redes criminales internacionales—especialmente el narcotráfico—que usan nuestras aguas y espacios para traficar hacia otros continentes. Esa realidad exige una respuesta responsable, proporcional y basada en la cooperación internacional, la ley y la defensa legítima del territorio nacional.

No propongo militarizar la sociedad ni fomentar animosidades entre pueblos vecinos. Propongo —como Capitán de Fragata Retirado de la Armada de Republica Dominicana y ciudadano preocupado— un plan realista para dotar al país de herramientas que permitan proteger nuestras fronteras, vigilar el mar y el aire, y responder con eficacia a amenazas transnacionales sin perder de vista los principios democráticos y los derechos humanos.

Primero: control marítimo y vigilancia.

La Armada y la guardia costera dominicanas necesitan cuatro a cinco patrulleros de altura artillados, tecnología de vigilancia y sistemas de comunicación que permitan rastrear y perseguir embarcaciones dedicadas al narcotráfico. La adquisición, incluso de equipos de segunda mano verificados y reacondicionados pueden ser una buena opción.

La adquisición de al menos tres corbetas patrulleras con capacidad para operaciones de larga distancia y lanzar misiles mejoraría notablemente la proyección marítima del país, estos buques son para cortar rutas criminales, proteger la pesca y garantizar la seguridad de la navegación y porque no también para la defensa de la patria de ser necesario

Segundo: disuasión aérea proporcional.

Una fuerza aérea con capacidad de patrulla y disuasión mínima —aviones de combate multifunción pueden ser 4 a 8 unidades, aeronaves de vigilancia y una flota de helicópteros de ataque y apoyo— puede proteger el espacio aéreo, apoyar a las operaciones navales y servir en misiones de control fronterizo y respuesta a emergencias. La compra planificada y la formación adecuada del personal son más importantes que el simple número de aeronaves: interoperabilidad con aliados, mantenimiento y logística deben ser prioridad.

Tercero: defensa antiaérea y protección estratégica.

Sistemas antiaéreos de mediano alcance, integrados con radares y alerta temprana, pueden ser una pieza complementaria para proteger infraestructuras críticas (puertos, aeropuertos, instalaciones energéticas) frente a amenazas asimétricas.

Cuarto: enfoque integral contra el narcotráfico.

La represión por sí sola no basta; se necesita una estrategia combinada: inteligencia financiera, cooperación judicial internacional, fortalecimiento de la Fiscalía y de los mecanismos de interdicción en puertos y aeropuertos, y programas de prevención social que reduzcan la oferta y demanda doméstica. Colaborar estrechamente con Estados Unidos, la Unión Europea, organismos regionales y la ONU potenciaría resultados y permitiría acceso a formación, donaciones y equipamiento bajo marcos legales.

Quinto: transparencia, control civil y gasto responsable.

Todo programa de modernización debe someterse a control, auditorías y evaluaciones de impacto. El gasto en defensa debe equilibrarse con inversiones en desarrollo fronterizo que reduzcan vulnerabilidades explotadas por organizaciones criminales. La transparencia también facilita posibles acuerdos de cooperación y donaciones de aliados.

Sexto: diplomacia y cooperación regional.

Fortalecer las relaciones con los países vecinos —incluyendo mecanismos de seguridad conjunta y programas de desarrollo fronterizo— reduce tensiones y genera soluciones compartidas. Los desafíos del siglo XXI se resuelven con alianzas y gobernanza, no solo con más armas, sin embargo con nuestros vecinos haitianos es muy difícil tener una alianza por no decir imposible.

En conclusión, la República Dominicana debe modernizar sus capacidades de seguridad para proteger a su población y su economía frente a amenazas transnacionales. Eso implica inversiones inteligentes en guardacostas y patrulleros oceánicos, capacidades aéreas proporcionadas, sistemas de vigilancia y defensa integrados, y una política integral contra el narcotráfico que combine cooperación internacional, inteligencia y desarrollo. Pido al Presidente Luis Abinader y al Congreso, que diseñen un plan estratégico plurianual, transparente y orientado a resultados. Proteger la soberanía y la seguridad ciudadana es una responsabilidad de estado

Publicaciones relacionadas

Botón volver arriba