EditorialNacionales

Luis Abinader, cuestionado por la crisis, respaldado por la gente


Escuchando artículo…

0:00 / 0:00


 POR FREDDY NÚÑEZ JORGE

SANTO DOMINGO, RD.- Pese a los escándalos que han sacudido a su gobierno, como el caso Senasa y otros episodios vinculados al narcotráfico, el presidente Luis Abinader se encamina a concluir su mandato con un nivel de aceptación que desconcierta a sus críticos. Esto obliga a una reflexión incómoda: ¿por qué, a pesar del ruido mediático y la presión política, una parte importante del pueblo sigue respaldando su gestión?

La oposición ha hecho del ataque permanente su principal estrategia. Sus voceros no analizan, repiten; no argumentan, gritan. Han dicho lo indecible con la clara intención de borrar cualquier mérito del gobierno, pero omiten deliberadamente una verdad difícil de negar: esta ha sido, comparada con las anteriores, una de las gestiones más vigiladas y más limpias de los últimos veinte años.

Hasta ahora, nadie ha podido señalar al presidente Abinader con pruebas de estar ligado a actos de corrupción o a negocios ilícitos. En un país donde el poder solía ser sinónimo de impunidad, ese dato no es menor. La honestidad personal del mandatario es, para muchos, el principal ancla de credibilidad de su gobierno, y también la razón por la que los ataques se quedan en insinuaciones sin sustento.

Pretender que un candidato puede prever o controlar cada persona que se le acerque durante una campaña política es una hipocresía calculada. En los partidos de masas se mezclan oportunistas, figuras oscuras y ciudadanos comunes, y una fotografía jamás puede ser prueba de complicidad. Usar ese recurso como arma política es una práctica baja, pero tristemente recurrente.

Lo cierto es que todos los líderes que han aspirado o llegado al poder han pasado por situaciones similares. Ninguno ha estado exento de que alguien, con pasado cuestionable, se le acerque buscando legitimarse. Sin embargo, solo a algunos se les juzga con lupa, mientras a otros se les pasó factura con silencio y complicidad.

Desde una mirada crítica, es innegable que Abinader ha gobernado más de cara a la gente que muchos de sus antecesores. Ha cometido errores, sí, pero también ha mostrado apertura al diálogo, disposición a escuchar reclamos sociales y una sensibilidad que no era común en el ejercicio del poder en la República Dominicana.

Al final, la historia no se escribirá con titulares escandalosos ni con campañas de descrédito, sino con hechos concretos. Y por más que duela a sus adversarios, el balance del gobierno de Luis Abinader demuestra que el ruido político no siempre logra ocultar una realidad: el pueblo distingue entre la crítica legítima y la manipulación descarada.

Publicaciones relacionadas

Botón volver arriba