Internacionales

Misioneros secuestrados en Haití escaparon de la violenta pandilla 400 Mawozo

HAITI.- Los últimos 12 misioneros cristianos secuestrados en Haití y mantenidos en cautiverio dos meses lograron escapar, informó el grupo de caridad Christian Aid Ministries y varias otras fuentes.

En un relato de primera mano compartido con la organización por uno de los rehenes, el grupo atribuyó al “Señor” el haberlos salvado. Uno de los misioneros secuestrados describió sus planes de fuga, entre la 1 a.m. y las 3 a.m. del miércoles 15 de diciembre, cuando los miembros de la pandilla que los retenía cambiaban de turno.

“Hicimos los preparativos. Hicimos la maleta con algunas de nuestras pertenencias”, dijo Sam Stoltzfus, que trabaja con Christian Aid Ministries y que formó parte del grupo de los 17 misioneros secuestrados en Haití el 16 de octubre. “Teníamos miedo; por supuesto que teníamos miedo”.

Prepararon agua, movieron sus colchones y encontraron la forma de abrir la puerta.

La mañana que escaparon, dijo Stoltzfus, “las piernas nos temblaban”.

En una conferencia de prensa el lunes, David Troyer, director general de Christian Aid Ministries, en Berlin, Ohio, dijo que todos los rehenes parecen estar “razonablemente bien”. Dijo que la organización benéfica, que está interrumpiendo sus actividades sanitarias, educativas y religiosas en Haití, “lidió durante muchas horas con decidir cuál sería el curso de acción adecuado” después de que sus trabajadores fueran secuestrados y se exigiera un rescate. Troyer dijo que muchas personas les tendieron la mano durante los dos meses, incluyendo aquellas que “proporcionaron fondos para pagar un rescate y permitir que el proceso continuara”.

“No podemos decir más”, dijo Troyer. “Pueden preguntar pero no podemos decir nada. Sin embargo, después de muchos días de espera y de ninguna acción por no saber nada por parte de los secuestradores, Dios actuó de forma milagrosa para permitir que los rehenes escaparan”.

Las autoridades estadounidenses, que enviaron al FBI a Haití al día siguiente del secuestro, se niegan a dar detalles de las circunstancias que rodearon la liberación de los rehenes, como si se pagó un rescate. Las autoridades haitianas, que estaban a cargo del asunto, también guardan silencio.

Aunque las pandillas haitianas son conocidas por liberar rehenes por motivos humanitarios, normalmente los secuestros se resuelven por medio de negociaciones privadas entre los captores y los familiares de los secuestrados. En los casos en los que se trata de un grupo, se sabe que las pandillas, después de que les llega un pago de rescate, liberan a algunos de los rehenes, para poder seguir recaudando dinero.

No está claro si ese es el caso en esta ocasión. Una fuente le dijo a Miami Herald que los dos primeros rehenes, un matrimonio, fueron liberados el 20 de noviembre debido a la enfermedad del marido y que no se pagó ninguna cantidad de dinero. Otros tres fueron liberados el 5 de diciembre y los últimos 12 escaparon el 16 de diciembre.

Aunque los rehenes fueron presentados en una foto durante la rueda de prensa del lunes, y posteriormente en un video en el que cantaban, no estuvieron presentes.

Durante el cautiverio, los rehenes fueron trasladados en múltiples ocasiones, dijo la organización benéfica.

Stoltzfus compartió su historia con sus compañeros durante el fin de semana; Miami Herald obtuvo una grabación de su relato.

Stoltzfus describió al grupo caminando entre siete y diez millas en la oscuridad, atravesando espinas y zarzas en el territorio de la pandilla. El grupo incluía un matrimonio, un bebé de 10 meses, un niño de 3 años, una niña de 14 años, un niño de 15 años, cuatro hombres solteros y dos mujeres solteras. Las mujeres llevaban chanclas y Crocs, y por momentos se esforzaban por seguir el camino de una acequia: en un momento dado, caminaron durante dos horas a través de un muro de cactus. Intentaron seguir “la estrella del norte”, mientras rezaban para que los perros y los animales de granja se callaran conforme luchaban por encontrar el camino hacia la seguridad y estar lo más lejos posible de la casa donde la pandilla los retenía.

Finalmente, se encontraron con un granjero haitiano y le preguntaron si tenía un teléfono celular. No tenía, pero les indicó la dirección de una casa con una puerta roja en la que ensayaban dos músicos de iglesia. Después de darle a uno de ellos el equivalente a $5 para que fuera a poner saldo en su teléfono, Stoltzfus llamó al director del ministerio del país y le dijo: “Barry, hemos salido. El Señor nos liberó”.

En ese momento, estaban cerca de la Ruta Nacional 3, cerca de Morne à Cabrit, en el límite del territorio de la pandilla.

“Atravesamos grandes aldeas haitianas sin oír un solo ruido”, dijo.

Stoltzfus dijo que la fuga llevaba tiempo planeándose y que los rehenes habían conseguido aflojar la puerta para facilitar el escape. Describió cómo movieron los sillones y cómo rezaron poco antes de huir. Esa noche también vieron uno de los más bellos atardeceres, dijo, después de ver nubes de tormenta. “Nos alegramos mucho porque pensamos que un poco de lluvia ayudaría mucho a nuestros esfuerzos”.

Continuó describiendo su huida, diciendo que creyó que los miembros de la pandilla estaban despiertos cuando huyeron. El grupo fue sacado del país en un vuelo de la Guardia Costera hacia la Florida. Pasaron seis horas el viernes con el FBI compartiendo su historia.

Stoltzfus dijo que, cuando el grupo fue secuestrado estaban asustados, especialmente en las primeras horas. La pandilla que los secuestró, 400 Mawozo, exigió $3 millones por su liberación.

Días más tarde, el segundo al mando de la pandilla, Wilson Joseph, elevó el importe del rescate a $17 millones, un millón por cada uno de los misioneros y sus familiares, entre los que había cinco niños, el más pequeño de ellos de ocho meses en el momento del secuestro del 16 de octubre, al este de la capital.

El secuestro del grupo de 17 personas, entre las que estaba un canadiense que conducía el vehículo el día del secuestro, ocurrió durante una visita a un orfanato apoyado por Christian Aid Ministries. Dos semanas antes, la organización había enviado un correo electrónico a los misioneros en Haití solicitando una actualización del programa de orfanatos, dijo Stoltzfus.

La visita al orfanato tuvo lugar en “un hermoso día”, dijo. “Nos amontonamos en nuestro pequeño autobús, una furgoneta para 15 pasajeros… antes de eso compartimos una oración para nuestra seguridad y protección”.

Stoltzfus dijo que sabía que había pandillas en Haití, porque había vivido en el país durante tres años. Pero nunca pensó que iba a ser víctima de un secuestro, porque el secuestro de estadounidenses era algo inédito.

“Nunca había oído que los haitianos… secuestraran estadounidenses. En Haití secuestran todos los días [pero] muchos son de otras nacionalidades”, dijo.

Confirmó que sus captores eran miembros de la pandilla 400 Mawozo, que ese sábado había bloqueado la carretera principal que conecta Puerto Príncipe y la frontera que lleva a la República Dominicana y la Meseta Central. La pandilla usaba una ambulancia Land Cruiser, una camioneta y otro vehículo para secuestrar automovilistas desprevenidos.

Los misioneros, que acababan de salir del orfanato hacia la 1 p.m., no tenían ni idea de lo que les esperaba. Cuando vieron el bloqueo en la carretera y a uno de los pandilleros corriendo por la carretera con un rifle, Stoltzfus dijo que pensó que era la Policía Nacional de Haití. Pronto se dio cuenta de que no era la policía sino “este pandillero”.

Intentaron volver en dirección al orfanato.

“De repente, otra camioneta con cuatro pandilleros en la parte trasera, con enormes fusiles militares, nos rebasaron por la izquierda”, dijo. “El autobús no podía ir tan rápido como su vehículo; empezaron a rodearnos… Pensé que iban detrás de alguien más”.

Fueron rodeados por los miembros de la pandilla y bloqueados por los vehículos.

Stoltzfus dijo que uno de los miembros de la pandilla saltó al asiento del conductor y comenzó a manejar. En un principio, el grupo fue llevado a un estacionamiento que parecía ser una especie de punto de reunión, y más tarde fueron conducidos por otro camino sinuoso en la que se encontraron con el segundo al mando de la pandilla, Joseph, que se regodeó con los nuevos rehenes.

Fue Stoltzfus quien envió los primeros mensajes en un grupo de WhatsApp confirmando el secuestro. Estaba asustado, dijo, porque no sabía si el mensaje ayudaría o empeoraría las cosas. El grupo de chat, usado para informar de cualquier cosa importante que llegue a ocurrir en Haití, tiene unos 200 miembros.

En su cautiverio, el grupo pasaba el tiempo rezando juntos, dijo. Los mantuvieron juntos en una pequeña habitación, de unos diez por diez pies, en una casa pequeña. Había pocos colchones, y los misioneros se turnaban para estar de pie y acostarse. El papel higiénico también era escaso.

Finalmente, los secuestradores permitieron a los rehenes ir al exterior. De desayuno les daban huevos hervidos, generalmente una mitad por persona, y espaguetis haitianos. La cena consistía en arroz y frijoles con salsa de pescado. A los niños pequeños les daban comida para bebés.

Weston Showalter, portavoz del ministerio, dijo que aunque los rehenes “fueron amenazados en múltiples ocasiones y se preguntaron si la muerte estaba cerca en algunos casos”, ninguno fue herido o maltratado físicamente por los secuestradores.

Stoltzfus dijo que confiaban en que si Dios quería que fuesen liberados, lo “establecería y pondría los detalles en su lugar” para que pudiera suceder. “Así que empezamos a hacer los preparativos”.

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba