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Tras imponer límites nuevos a los medios, Putin cierra una puerta a la ‘apertura’ de Rusia


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MOSCU, RUSIA.- Una de las cosas paradójicas del gobierno cada vez más autoritario de Vladimir Putin en Rusia era lo relativamente abierta que la sociedad se mantuvo siempre.

Pese al control estatal de los medios, las personas podían leer o mirar lo que quisieran, incluidos noticieros extranjeros como los de la BBC y CNN. El internet, en gran medida, no tenía restricciones y era un portal hacia el resto del mundo. A diferencia de, por ejemplo, China, se podía criticar al presidente con ciertas garantías de que la policía no tocaría a tu puerta.

Hasta ahora.

A medida que avanza la guerra en Ucrania, Putin ha estrangulado los vestigios de una prensa libre para justificar una invasión que ha sido condenada casi de manera universal y, en el proceso, se ha acercado más a la agobiante ortodoxia de la Unión Soviética. El resultado será aislar al país, del mismo modo que se ha aislado el mismo Putin, dejándolo con una visión unilateral del mundo que ya no admite debate.

Dos de los medios independientes restantes más importantes del país, Ekho Moskvy, una estación de radio liberal, y TV Dozhd, o Rain, un medio digital relativamente nuevo, salieron del aire la semana pasada, tras ser acosados por las autoridades por reportar con veracidad lo que sucedía en Ucrania. El acceso a Facebook, Twitter y TikTok, plataformas repletas de oposición a la guerra de Putin, ha sido bloqueado, al igual que otros sitios rusos de internet.

Muchas organizaciones extranjeras de noticias han retirado a sus corresponsales o han dejado de informar en Rusia, luego de que Putin promulgara el viernes 4 de marzo una ley para sancionar a cualquiera que difunda “información falsa” con penas de hasta 15 años de prisión.

“Hace apenas dos semanas era imposible imaginar lo rápido que serían cerrados la mayoría de estos medios”, dijo Nina Krusheva, profesora de Asuntos Internacionales en The New School en la ciudad de Nueva York y bisnieta del líder soviético Nikita Krushev. “Y sin embargo aquí estamos”.

El personal de TV Rain se prepara para irse luego de que el canal de televisión independiente informara que iba a suspender sus operaciones indefinidamente, en Moscú, el 3 de marzo de 2022. (The New York Times)
El personal de TV Rain se prepara para irse luego de que el canal de televisión independiente informara que iba a suspender sus operaciones indefinidamente, en Moscú, el 3 de marzo de 2022. (The New York Times)

Más allá del impacto inmediato en la capacidad de los rusos para informarse sobre la guerra de al lado, Putin parece haber cruzado un umbral en la historia del país. Está aislando a la sociedad rusa con mayor intensidad que en cualquier otro momento desde que el último líder soviético, Mijaíl Gorbachov, lanzó una política en 1986 llamada “glásnost”, que se conoció como “apertura” pero que de forma más precisa significa “el acto de dar voz”.

El acceso a los reportes informativos extranjeros y las voces independientes en las redes sociales han desafiado el monopolio del Kremlin sobre los medios estatales, del mismo modo que la iniciativa de Gorbachov quebró el monopolio soviético sobre la verdad. Los medios independientes, con un gran riesgo para la seguridad personal de los periodistas, han revelado abusos durante la guerra de Rusia en Chechenia, la represión de los derechos políticos y humanos y la enorme riqueza de personas cercanas a Putin, todos ellos temas tabú en los medios estatales.

El impacto de amordazarlos podría ser mucho más amplio y durar mucho más que la guerra, lo que llevaría al país de un régimen autoritario a algo peor.

“Putin está tratando de convertir a Rusia en una dictadura totalitaria de la era pre-Gorbachov”, dijo Michael McFaul, quien fue embajador estadounidense en Rusia y director del Instituto Freeman Spogli de Estudios Internacionales en la Universidad de Stanford. “Al final fracasará, pero le hará un daño enorme a la sociedad rusa al intentarlo”.

La propaganda y las restricciones del Kremlin ya han desconectado a los rusos comunes de la horrible violencia que azota a las ciudades de Ucrania, incluso a aquellos que tienen familiares en el campo de batalla que les dicen lo contrario. Han encubierto las dificultades de las fuerzas militares rusas, así como los costos humanos para los ucranianos que Putin afirma que está defendiendo.

Lo que ven los espectadores de la televisión rusa, en cambio, es a las tropas del país participar en una “operación militar especial” con muy poco derramamiento de sangre, para proteger a los civiles ucranianos de un gobierno neonazi. En esta realidad alternativa, las tropas rusas distribuyen ayuda a los civiles o ayudan a evacuarlos a un lugar seguro mientras que los ucranianos fabrican informes sobre reveses militares rusos o incluso bombardean sus propias ciudades.

El resultado ha sido la creación de una visión miope de la guerra que pocos se atreven a traspasar. Ni un solo diputado de la Duma Estatal, la cámara baja de la Asamblea Federal de Rusia, votó en contra del proyecto de ley que criminaliza las “noticias falsas”.

“Cada vez hay menos acceso a información veraz proveniente de Occidente en medio de los golpes implacables que asesta una propaganda estatal cada vez más histérica, lo cual, ciertamente, está surtiendo efecto”, dijo Sergey Radchenko, profesor de la Escuela Johns Hopkins de Estudios Internacionales Avanzados de Europa.

Cuando se introdujo la glásnost, Putin era un teniente coronel de la KGB, en Alemania Oriental. Luego dijo que él también había reconocido la necesidad de que la Unión Soviética fuera más abierta. Eso sí, solo hasta cierto punto.

Desde el comienzo de su presidencia en 2000, Putin entendió que los medios —en especial la televisión— tenían el poder no solo de moldear su imagen política, sino también de ayudarlo a gobernar. Rápidamente recuperó el control de las principales cadenas de televisión de manos de dos oligarcas, Vladimir Gusinsky y Boris Berezovsky, quienes solían defender agendas que no siempre estaban en sintonía con el Kremlin.

Sin embargo, los medios impresos enfrentaron una presión menos directa y el internet se llenó de medios nuevos, lo que provocó que diferentes fuentes rusas y extranjeras fueran ampliamente accesibles.

En el mundo actual que está conectado de manera digital, Putin podría tener problemas para aislar a Rusia por completo. Incluso en la Unión Soviética, la información fluía de un lado a otro a través de las fronteras. Las redes privadas virtuales (VPN, por su sigla en inglés), que les permiten a las personas evadir las restricciones de internet ocultando el país desde el que se conectan, pueden ayudar a difundir información de la misma manera que el “samizdat” —copias ilegales de libros o artículos censurados— circulaba clandestinamente en la era soviética.

“Al gobierno ruso le será difícil bloquear toda la información externa”, dijo Jamie Fly, director ejecutivo de Radio Free Europe/Radio Liberty, una red financiada por Estados Unidos fundada durante la Guerra Fría, tras el anuncio de que la red también dejaría de operar dentro de Rusia. “La historia muestra que la gente hará todo lo posible por buscar la verdad”.

Los que lo hagan actualmente serán una pequeña minoría. Mientras continúe el gobierno de Putin, los críticos temen que tome medidas aún más drásticas para garantizar que el Kremlin mantenga el control indiscutible del poder.

“Aun nos falta mucho para llegar a 1937”, dijo Radchenko, evocando el año del Gran Terror de Stalin, “pero por primera vez, el camino está despejado. Ya se puede ver a lo lejos, como en una mañana fría y nítida de invierno, y allí, en la distancia, ya casi se pueden distinguir los contornos de las guillotinas”.

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