Cuando la hermandad de venezolanos y dominicanos se convierte en acción
La cooperación de RD con Venezuela refleja los valores de solidaridad, empatía y compromiso que distinguen al pueblo dominicano.
Analizando noticia con IA…espere un momento.
RESUMEN
POR FREDDY NÚÑEZ JORGE
SANTO DOMINGO, RD.- Cada día me siento más orgulloso de ser dominicano. Y no lo digo únicamente por la belleza de nuestra tierra, por nuestras playas o por la alegría que caracteriza a nuestro pueblo. Lo digo porque, en los momentos más difíciles, los dominicanos demostramos quiénes somos realmente: un pueblo solidario, generoso y profundamente humano.
Somos una nación que ama a Dios sobre todas las cosas, pero ese amor no se queda en palabras. Lo llevamos a la práctica cuando extendemos la mano al que sufre, cuando compartimos lo poco o mucho que tenemos y cuando hacemos nuestro el dolor de otros pueblos, sin importar de dónde vengan.
La historia de la República Dominicana está marcada por los valores que nos legaron nuestros padres fundadores: Juan Pablo Duarte, Matías Ramón Mella y Francisco del Rosario Sánchez. Ellos soñaron con una nación libre, pero también con un pueblo digno, comprometido con los más altos valores humanos. Hoy, generaciones después, seguimos honrando ese legado.
Cada vez que una nación hermana enfrenta una tragedia o una necesidad urgente, los dominicanos solemos estar entre los primeros en decir presente. No actuamos por interés ni por conveniencia; lo hacemos porque entendemos que la solidaridad no tiene fronteras. Cuando un ser humano sufre, todos estamos llamados a ayudar.
Orgulloso de ser dominicano
La solidaridad con nuestros hermanos venezolanos es una muestra clara de ello. Hace años abrimos las puertas de nuestro país para recibir a miles de venezolanos que buscaban nuevas oportunidades y un lugar donde reconstruir sus vidas. Muchos encontraron aquí una segunda patria, una mano amiga y un pueblo dispuesto a recibirlos con respeto y cariño.
Hoy, ante la difícil situación provocada por los terremotos que han golpeado a Venezuela, nuevamente los dominicanos han demostrado la grandeza de su corazón. Fuimos de los primeros en movilizarnos para brindar ayuda. En cada rincón del país se han organizado centros de acopio y campañas de solidaridad. Lo más conmovedor es ver cómo participan personas de todas las edades: hombres, mujeres, jóvenes y hasta niños que llegan con medicinas, alimentos, agua y productos de primera necesidad para ayudar a quienes atraviesan momentos de angustia.
Es en esos gestos donde se revela la verdadera esencia de una nación. La grandeza de un pueblo no se mide por su tamaño ni por su riqueza material, sino por su capacidad de tender la mano cuando otros más lo necesitan. Y en eso, los dominicanos hemos dado innumerables muestras de nobleza.
Por eso hoy reafirmo mi orgullo de ser dominicano. Porque pertenezco a un pueblo que no es indiferente al dolor ajeno, que comparte, que acompaña y que actúa. Un pueblo que entiende que la solidaridad es una de las expresiones más puras del amor al prójimo.
Que nunca perdamos esa esencia. Que sigamos siendo un país de gente buena, de corazones abiertos y de manos dispuestas a ayudar. Porque mientras conservemos esos valores, siempre tendremos motivos para sentirnos orgullosos de ser dominicanos.






