Me condenaron antes del juicio… pero la verdad comenzó a derrotar la mentira
Mientras la investigación judicial revela elementos que respaldan mis denuncias, mi barra de defensa, integrada por los doctores José Fis Batista, Miguel Canela y Ronald Santana, ha enfrentado este proceso con firmeza, profesionalismo y un compromiso inquebrantable con la justicia.
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RESUMEN
En un relato personal, Freddy Núñez Jorge describe cómo la ambición y la traición, incluso de su propio hijo, lo llevaron a ser objeto de un juicio mediático por un supuesto desfalco en la Federación Dominicana de Pentatlón Moderno. A pesar de la condena pública, el tribunal determinó que no había pruebas de desfalco y que la medida adecuada era una garantía económica y presentación periódica. El caso, conocido como «Fedopem», reveló que su firma había sido falsificada, con la secretaria administrativa de la federación como responsable. Núñez Jorge expresa su agradecimiento a quienes lo apoyaron en su defensa y reafirma su fe en la justicia divina, asegurando que la verdad siempre prevalecerá, a pesar de las adversidades.
- Freddy Núñez Jorge fue objeto de un juicio mediático antes de su juicio formal.
- Enfrentó traiciones, incluyendo la de su propio hijo, por intereses económicos.
- El tribunal determinó que no hubo desfalco en el caso "Fedopem".
- Se comprobó la falsificación de su firma, responsabilizando a la secretaria administrativa.
- Núñez Jorge mantiene su fe en la justicia y la verdad, agradeciendo el apoyo de sus defensores.
Freddy Núñez Jorge relata su experiencia de ser condenado mediáticamente antes de un juicio, enfrentando traiciones y falsedades en su contra. A pesar de la presión, la verdad ha comenzado a salir a la luz, respaldada por pruebas que demuestran la falsificación de su firma.
POR FREDDY NÚÑEZ JORGE
SANTO DOMINGO, RD.- Hay momentos en la vida en los que la soledad pesa como una montaña. Cuando uno descubre que quienes parecían compañeros eran, en realidad, personas movidas por la conveniencia, la ambición o la hipocresía, es fácil sentir que todo se derrumba. Pero también son esos momentos los que revelan una verdad irrefutable: quien camina de la mano de Dios no necesita destruir a nadie para defender su dignidad ni para que la verdad prevalezca.
Vivimos en una sociedad donde, para algunos, el poder y el dinero valen más que los principios. La ambición desmedida ha llevado a muchas personas a sacrificar su conciencia, su palabra e incluso los lazos de sangre. Esa ha sido, sin duda, una de las heridas más profundas que me ha dejado esta amarga experiencia.
Jamás imaginé que llegaría el día en que sería traicionado por un hijo. Seducido por unas cuantas monedas y la promesa del control de la Federación Dominicana de Pentatlón Moderno, decidió colocarse del lado de quienes, desde mi perspectiva, más daño le han causado al deporte dominicano.
A esa traición se sumó una campaña que, según mi convicción, buscó desacreditarme y construir un expediente para presentarme ante la sociedad como un delincuente. Durante meses fui expuesto al juicio mediático como responsable de un supuesto desfalco, mientras algunos medios de comunicación y antiguos funcionarios del Ministerio de Deportes impulsaban una narrativa condenatoria antes de que los tribunales hablaran.
Sin embargo, la realidad judicial ha sido muy distinta de la condena pública. Mientras el Ministerio Público solicitó un año y seis meses de prisión preventiva, el tribunal entendió que la medida correspondiente era una garantía económica y presentación periódica.
Posteriormente, el Sexto Juzgado de la Instrucción concluyó que en el denominado caso «Fedopem» no hubo desfalco, ni querellante ni víctimas. Sin embargo el caso fue enviado a juicio de fondo de otros aspectos, entre ellos la investigación relacionada con la presunta falsificación de mi firma.
Y fue precisamente allí donde la verdad comenzó a abrirse paso. De acuerdo con los informes periciales incorporados al expediente, el Instituto Nacional de Ciencias Forenses (INACIF) concluyó que mi firma fue falsificada, señalando como responsable a la señora KAREN ÁNGELES FLORIAN, quien era la secretaria administrativa de la FEDOPEM. Ese hallazgo fortaleció mi convicción de que mis denuncias no eran producto de la imaginación ni de un interés personal, sino de hechos que hoy encuentran respaldo en las pruebas incorporadas al proceso.
El tiempo tiene una virtud que nadie puede detener: termina desenmascarando la mentira. Se puede manipular la opinión pública por un tiempo; se puede intentar destruir una reputación con titulares, rumores o intereses ocultos; pero la verdad posee una fuerza que ninguna campaña puede derrotar. Puede tardar, pero siempre termina imponiéndose.
Por eso mantengo intacta mi fe en Dios y en su justicia. La justicia de los hombres puede demorarse, equivocarse o verse influenciada por intereses ajenos a la verdad. La justicia divina, en cambio, nunca falla. Dios conoce lo que sucede cuando nadie mira, sabe quién actuó con rectitud y quién utilizó la mentira como arma. Y cuando llega su tiempo, hace que la verdad salga a la luz con una fuerza imposible de contener.
Quiero expresar, además, mi más profundo agradecimiento a quienes permanecen firmes cuando muchos decidieron apartarse. Mi gratitud eterna a los doctores José Fis Batista, Miguel Canela y a mi querido amigo, el doctor Ronald Santana. Ellos han asumido mi defensa con una entrega extraordinaria y prácticamente de manera gratuita, conscientes de las limitaciones económicas. Su apoyo no solo demuestra un enorme compromiso profesional; también confirma que todavía existen hombres capaces de anteponer la justicia, la lealtad y la dignidad a cualquier interés personal.
No hablo desde el rencor. El odio jamás construye; únicamente destruye a quien lo alimenta. Hablo desde la firme decisión de defender mi nombre, mi honor y la verdad utilizando únicamente los caminos que establece la ley. No necesito la mentira para vencer ni la difamación para justificarme. Mi mayor fortaleza es la tranquilidad de mi conciencia y la confianza de que la verdad terminará prevaleciendo.
A quienes hoy enfrentan la injusticia, les digo que no bajen la cabeza. No permitan que la maldad de otros les robe la paz ni les haga perder la fe. Hay batallas que parecen interminables, pero ninguna mentira es eterna. Manténganse firmes, actúen con integridad y confíen en Dios. Porque al final, cuando el ruido desaparece y las pruebas hablan, la verdad siempre encuentra su camino.






