¿Qué hace una federación de Arte y Cultura dentro del movimiento olímpico?
La pregunta está sobre la mesa: ¿debe esta entidad pertenecer al deporte o al Ministerio de Cultura?
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RESUMEN
POR FREDDY NÚÑEZ JORGE
SANTO DOMINGO, RD.- Hay preguntas que no necesariamente nacen de la crítica, sino de la necesidad de entender cómo funcionan nuestras instituciones deportivas. Y creo que ha llegado el momento de formular una de ellas públicamente:
¿Qué hace una Federación de Arte y Cultura dentro de la estructura del movimiento olímpico dominicano?
Aclaro desde el principio: no cuestiono la importancia del arte, del folklore ni de la cultura dominicana. Todo lo contrario. Nuestra identidad cultural merece respeto, promoción, protección y recursos. El folklore dominicano es parte fundamental de lo que somos como nación.
Mi inquietud está en otro lugar:
¿Por qué una organización dedicada fundamentalmente al arte, la cultura y el folklore forma parte de la estructura del Comité Olímpico Dominicano?
La Federación Dominicana de Arte y Cultura (Fedoarcu), presidida por el ingeniero Pedro Julio Quezada, tiene una presencia de larga data dentro del entorno olímpico dominicano. Su propia documentación la presenta como una entidad dedicada a promover el arte y la cultura, mientras que un estudio del Fondo de Población de las Naciones Unidas la identifica como responsable de programas de Arte y Cultura del Comité Olímpico Dominicano y sus federaciones.
Precisamente por eso considero legítimo preguntar:
¿Cuál es la naturaleza deportiva de esta federación?
Una federación deportiva tradicional tiene atletas, entrenadores, árbitros o jueces, competencias, campeonatos nacionales, selecciones, calendarios deportivos y participación en eventos internacionales. Sus resultados normalmente pueden medirse en marcas, posiciones y medallas.
En el caso de Fedoarcu, ¿cuáles son esos parámetros?
¿Dónde está la selección nacional?
¿Quiénes son sus atletas?
¿Quiénes son sus entrenadores?
¿Cuáles son sus campeonatos nacionales?
¿Cuáles son sus competencias internacionales?
¿En qué disciplina olímpica compiten?
Y, sobre todo:
¿Cuál es el mecanismo mediante el cual se mide su rendimiento deportivo?
Son preguntas que no deberían interpretarse como ataques. Son preguntas de lógica institucional.
¿Cuántas medallas aporta?
Esta es quizás la pregunta más sencilla de todas.
¿Cuántas medallas ha obtenido Fedoarcu en Juegos Centroamericanos y del Caribe?
¿Cuántas en Juegos Panamericanos?
¿Cuántas en Juegos Olímpicos?
Aquí conviene hacer una precisión.
Fedoarcu ha tenido una participación activa en actos relacionados con el deporte y ha reconocido a atletas y federaciones medallistas. En 2015, por ejemplo, realizó un homenaje a los atletas dominicanos que conquistaron medallas en los Juegos Panamericanos de Toronto.
Pero reconocer a los medallistas no significa ser la federación responsable de esas medallas.
Algo parecido ocurrió después de Tokio 2020, cuando Fedoarcu reconoció a las federaciones dominicanas de atletismo, béisbol y pesas por las cinco medallas conquistadas por el país.
Entonces, la pregunta permanece vigente:
¿Cuáles son las medallas que corresponden directamente a Fedoarcu como federación deportiva?
Sería muy interesante que sus dirigentes presentaran públicamente ese balance.
Cultura sí; pero ¿por qué dentro del deporte?
Existe otro aspecto que merece discusión.
La República Dominicana cuenta con un Ministerio de Cultura, cuya misión está precisamente vinculada con la promoción, protección y desarrollo de las expresiones culturales del país.
Por eso cabe preguntar si las actividades de folklore, patrimonio cultural, artes populares, música tradicional, danza y manifestaciones culturales deberían estar fundamentalmente bajo el ámbito cultural del Estado, en lugar de ocupar un espacio dentro de la estructura olímpica.
No estoy planteando que el deporte y la cultura sean enemigos. Todo lo contrario: pueden y deben trabajar juntos.
De hecho, la propia Fedoarcu ha demostrado que puede establecer vínculos interesantes entre ambas áreas. En 2022, por ejemplo, reconoció a figuras del arte y también distinguió a federaciones deportivas por sus logros.
Pero colaborar con el deporte es una cosa y formar parte de la estructura federativa olímpica es otra.
Ahí está el debate.

Pedro Julio Quezada tiene la palabra
El presidente de Fedoarcu, Pedro Julio Quezada, tiene una larga trayectoria al frente de la organización. La prensa ha documentado durante años sus actividades y su participación en iniciativas relacionadas con el folklore y la cultura dominicana.
En 2021, por ejemplo, defendió públicamente que la cultura fuera tratada como un servicio social de primera necesidad y como un bien común.
Precisamente por esa trayectoria, creo que sería interesante escucharlo.
Que explique al país cuál es la razón por la que una organización de arte y cultura debe permanecer dentro del movimiento olímpico.
Que explique cuáles son sus objetivos deportivos.
Que presente sus resultados.
Que explique su estructura.
Que muestre sus programas.
Y que nos diga qué beneficios concretos obtiene el deporte dominicano de la existencia de esta federación dentro del Comité Olímpico.
Si las respuestas son convincentes, seré el primero en reconocer que mis dudas estaban equivocadas.
Ese es precisamente el sentido del periodismo de opinión: preguntar, cuestionar y abrir espacios para que quienes tienen responsabilidades públicas puedan responder.
No se trata de eliminar la cultura; se trata de ordenar las instituciones
Repito: nadie puede discutir la importancia del folklore dominicano.
Nuestros palos, salves, guloyas, carnavales, música, danza, artesanía y tradiciones necesitan protección y promoción. Fedoarcu ha desarrollado iniciativas en esa dirección y existen antecedentes de actividades de la entidad relacionadas con la preservación y difusión del patrimonio cultural.
Pero precisamente porque la cultura es tan importante, debemos preguntarnos si no merece una estructura institucional propia, fuerte y con recursos adecuados, en lugar de depender de una estructura cuyo objetivo fundamental es el desarrollo del deporte olímpico.
La discusión no debe ser cultura contra deporte.
La discusión debe ser:
¿Estamos colocando cada cosa en el lugar institucional que le corresponde?
Y mientras esa pregunta no tenga una respuesta clara, seguirá siendo válida la inquietud.
No pretendo tener la última palabra.
Por el contrario, estoy abierto al debate.
Que hablen los dirigentes de Fedoarcu.
Que hable el Comité Olímpico Dominicano.
Que hable el Ministerio de Cultura.
Que hable el Ministerio de Deportes.
Porque cuando se trata de instituciones públicas, preguntar no debe ser un acto de irreverencia. Debe ser un ejercicio de responsabilidad ciudadana.






