¿QUÉ HACEN LOS DIABLOS COJUELOS EN EL COMITÉ OLÍMPICO DOMINICANO?
El Ballet folklórico y perico ripiao abren un debate que el deporte dominicano parece no querer enfrentar.
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RESUMEN
POR FREDDY NÚÑEZ JORGE
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SANTO DOMINGO, RD.– En el movimiento deportivo dominicano hay temas que, por alguna razón, parecen convertirse en asuntos intocables. Se plantean interrogantes, se formulan cuestionamientos y, en lugar de producirse un debate abierto y responsable, muchas veces se opta por guardar silencio.
Recientemente escribí un artículo titulado “¿Qué hace una Federación de Arte y Cultura dentro del Movimiento Olímpico?”, con la esperanza de que algún “sabio” del deporte dominicano se animara a debatir públicamente sobre el tema.
Hasta el momento, ese debate no se ha producido.
Sin embargo, apareció una reacción del ingeniero Pedro Julio Quezada, quien compartió en el chat del deporte federado varias fotografías relacionadas con manifestaciones de nuestra cultura popular: diablos cojuelos, roba la gallina, ballet folklórico, música típica, entre otras expresiones culturales.
Su intención, aparentemente, fue demostrar la importancia que tienen el arte y la cultura dentro de la identidad dominicana.
Y en eso, nadie debería estar en desacuerdo.
La cultura dominicana es extraordinariamente rica y merece todo nuestro respeto, protección y promoción. El problema que planteamos es otro: ¿cuál debe ser la institución responsable de dirigir, organizar y financiar esas actividades?
Ahí comienza el verdadero debate.
El arte y la cultura tienen sus propias instituciones
Tomemos algunos ejemplos.

La profesora Yocaira Martínez Álvarez, conocida artísticamente como “La Doncella del Acordeón”, dirige junto a su padre, el maestro Eugenio Hernández, una escuela dedicada a la enseñanza de la música típica. Ella misma ha expresado que no cuenta con apoyo público ni privado, pero destaca el respaldo que recibe del Centro Cultural de España, cuando realizan actividades.
Por otro lado, tenemos al maestro Lupe Valerio, reconocido acordeonista y director de la Escuela de Música Típica Ñico Lora, en Santiago. Esta escuela funciona en el Centro de la Cultura de Santiago y ha contribuido a la formación de decenas de jóvenes en los instrumentos característicos del llamado perico ripiao.

Pero hay un detalle que no podemos pasar por alto: están vinculadas al ámbito cultural, no al movimiento deportivo olímpico.
La pregunta, entonces, vuelve a aparecer: ¿por qué tendría que ser el Comité Olímpico Dominicano la estructura institucional responsable de estas actividades?
El caso del Ballet Folklórico
El ingeniero Quezada también compartió una fotografía del Ballet Folklórico.
Nadie puede negar el extraordinario valor que tiene esta institución para la cultura nacional. Pero precisamente ese ejemplo refuerza la interrogante planteada.
El Ballet Folklórico recibe apoyo institucional del Ministerio de Cultura. Su directora, la coreógrafa Wanda Camilo, al ser designada para esa responsabilidad, expresó públicamente su agradecimiento al Ministerio de Cultura y a la Dirección General de Bellas Artes.
Y eso resulta perfectamente lógico.

Porque el Ballet Folklórico pertenece al ámbito cultural y cuenta con una institución estatal especializada en esa materia.
Entonces, ¿por qué necesitamos colocar estas expresiones culturales dentro de la estructura olímpica para reconocer su importancia?
No se trata de atacar la cultura
Es importante aclararlo: cuestionar la ubicación institucional de una federación no significa despreciar el arte, la cultura ni nuestras tradiciones.
Todo lo contrario.
Precisamente porque valoramos profundamente nuestra cultura debemos procurar que cada institución cumpla correctamente con las funciones para las cuales fue creada.
El Comité Olímpico Dominicano tiene una responsabilidad fundamental con el deporte olímpico dominicano, con sus federaciones deportivas, sus atletas, sus entrenadores, sus dirigentes y con todo aquello que representa al país dentro del movimiento olímpico internacional.
El Ministerio de Cultura, por su parte, tiene responsabilidades específicas relacionadas con el patrimonio, las artes, la música, la danza, el folklore y las demás manifestaciones culturales.
No todo lo que es importante para la República Dominicana tiene que formar parte del movimiento olímpico.
Ese es, precisamente, el punto que algunos parecen no querer discutir.
¿Dónde están los argumentos?
Mi artículo anterior buscaba provocar un debate de ideas.
No pretendía ofender a nadie ni cuestionar el valor de quienes trabajan por nuestra cultura.
Lo que esperaba era que aparecieran argumentos, históricos, institucionales y deportivos que explicaran por qué una organización dedicada al arte y la cultura debe estar afiliada al Comité Olímpico Dominicano.
Hasta ahora, no he visto esos argumentos.
Subir fotografías de diablos cojuelos, de ballet folklórico, de músicos o de manifestaciones tradicionales demuestra que nuestra cultura existe y que es extraordinariamente importante.
Pero no demuestra que esas actividades sean deportes olímpicos ni que, por esa razón, deban estar bajo la estructura del Comité Olímpico Dominicano.
Son dos discusiones diferentes.
¿Un cascarón vacío?
En el chat del Comité Olímpico Dominicano, según el texto que llegó a la redacción de La Voz de la Noticia RD.com.do, el ingeniero Pedro Julio Quezada habría expresado, refiriéndose a los valores representados por las fotografías:
“Sin estos valores somos un cascarón vacío, sin esencias, sin rumbo. Y nos convertiremos en algo maleable, fácil de controlar y manipular”.
Si esa expresión se refiere a la identidad nacional y a la importancia de preservar nuestros valores culturales, podemos coincidir plenamente.
Una nación que pierde sus raíces culturales corre el riesgo de perder parte de su identidad.

HOMENAJE
La Dirección General de Bellas Artes, en colaboración con el Centro León, presentó el espectáculo “FRADIQUE”, una emotiva y deslumbrante celebración del legado del investigador y folclorista Rafael Fradique Lizardo Barinas (1930-1997). en la Sala Manuel Rueda de las escuelas de Bellas Artes.
Pero si se pretende utilizar ese argumento para justificar que una organización cultural debe pertenecer al movimiento olímpico, entonces considero que estamos mezclando dos asuntos diferentes.
El deporte necesita cultura, pero no todo lo cultural es deporte.
Y esa diferencia debería ser suficiente para iniciar un debate serio.
La pregunta sigue sobre la mesa
Por eso, amigo Pedro Julio Quezada, nada personal.
Usted ha defendido su posición y eso merece respeto.
Pero las fotografías no responden la pregunta que originó mi artículo.
La pregunta sigue siendo:
¿Cuál es la razón institucional, jurídica y deportiva para que una Federación Dominicana de Arte y Cultura esté afiliada al Comité Olímpico Dominicano?
No estoy preguntando si el arte y la cultura son importantes.
Lo son.
No estoy preguntando si debemos preservar nuestras tradiciones.
Por supuesto que debemos hacerlo.
Tampoco estoy preguntando si los diablos cojuelos, el ballet folklórico, el merengue típico o el perico ripiao forman parte de nuestra identidad.
Eso está fuera de discusión.
La pregunta es mucho más sencilla:
¿Debe el movimiento olímpico dominicano asumir responsabilidades que corresponden naturalmente a las instituciones culturales del país?
Si alguien tiene argumentos para demostrar que la respuesta es sí, este es el momento de presentarlos.
Porque el silencio no es debate.
Las fotografías no son argumentos.
Y la defensa de la cultura dominicana, por importante que sea, no responde por sí sola la pregunta sobre la estructura institucional del movimiento olímpico.
El debate sigue abierto.






