¿Quién defiende al que siempre está defendiendo a los demás?
Después de años de escribir, denunciar y levantar la voz por otros, una conversación me hizo entender que también ha llegado el momento de cuidar mi propia paz.
Analizando noticia con IA…espere un momento.
RESUMEN
POR FREDDY NÚÑEZ JORGE
SANTO DOMINGO, RD.- Hay conversaciones que terminan cuando uno cuelga el teléfono, pero hay otras que apenas comienzan cuando la llamada llega a su fin. Eso me ocurrió el sábado por la noche, después de hablar durante un buen rato con mi querido amigo Yoel Adames Franco, uno de los mejores redactores que ha dado el periodismo dominicano.
Hablamos de muchas cosas, pero, sobre todo, de esas noches interminables que hemos vivido quienes trabajamos en los periódicos matutinos; de esas jornadas en las que el sueño se convierte en un lujo y el sacrificio termina siendo parte de la rutina.
Yoel ya está retirado de los medios. Después de dedicar buena parte de su vida al periodismo, decidió entregar sus días a la iglesia y, como él mismo me dijo, ahora escribe para Cristo.
En aquella conversación no me habló como periodista, sino como amigo. No quiso darme una lección, sino compartir conmigo las verdades que ha aprendido en su camino de fe. Al final, le di las gracias varias veces por haberme regalado algo que, con el paso de los años, uno aprende a valorar mucho más que cualquier cosa material: su tiempo.
Hubo una frase suya que se quedó dando vueltas en mi cabeza:
“Freddy, creo que llegó el momento de que pienses en ti. Busca de Dios. Tú siempre has estado defendiendo gente que, en su mayoría, no agradece. Es justo que los años que te queden por vivir los disfrutes con tu familia y con Dios como tu amado y Salvador”.
No fue una frase cualquiera. Fue de esas palabras que llegan sin hacer ruido, pero que después comienzan a golpear las puertas de la conciencia. Y quizás por eso, cuando terminamos de hablar, sentí que algo dentro de mí había cambiado.
Durante años he escrito, denunciado, defendido, reclamado y levantado mi voz por personas que necesitaban que alguien hablara por ellas. Algunas lo agradecieron; otras, probablemente, ni siquiera lo recuerdan, sin embargo, llega un momento en que también hay que preguntarse: ¿quién defiende al que siempre está defendiendo a los demás?
El periodismo me ha regalado grandes amigos, historias inolvidables y la satisfacción de haber visitado muchos países, pero también me ha cobrado noches, horas de sueño, momentos familiares y una parte importante de la vida que no regresa.
Quizás Yoel tenga razón.
Quizás ha llegado el momento de entender que también tenemos derecho a descansar, a mirar hacia nuestra familia, a disfrutar una conversación sin pensar en la próxima noticia, a sentarnos tranquilamente sin sentir que estamos perdiendo el tiempo.
Este domingo ha sido distinto para mí. He pasado buena parte del día reflexionando sobre esas palabras que me dijo mi amigo. No sé exactamente qué decisiones tomaré ni qué cambios vendrán, pero sí sé que algo comenzó a moverse dentro de mí.
Tal vez Dios utiliza a las personas que queremos para hablarnos cuando nosotros mismos no encontramos las palabras. Tal vez esa conversación no ocurrió por casualidad. Tal vez fue una invitación a mirar hacia adentro después de tantos años mirando hacia afuera.
Y, por primera vez en mucho tiempo, estoy tratando de escucharme.
A Yoel le agradezco su tiempo, pero mucho más que eso, le agradezco su sinceridad. Hay amigos que nos acompañan en las celebraciones y otros que aparecen cuando necesitamos una palabra que nos despierte. Él fue, en esta ocasión, ese amigo. No sé si cambiaré mi manera de vivir de un día para otro, pero sí quiero aprender a valorar más el tiempo, la familia, la tranquilidad y, sobre todo, mi relación con Dios.
Quizás, después de tantos años defendiendo a otros, haya llegado el momento de aprender a defender también mi propia paz. Y si Dios me concede los años que todavía me quedan, quisiera vivirlos con más gratitud, más amor y con la certeza de que nunca es tarde para volver a empezar.






